Saint-Séverin: gárgolas y un pilar que se retuerce
Why is it significant?
Rodea la iglesia y alza la vista: de lo alto del tejado asoman gárgolas de piedra con la boca abierta, perros, monstruos, figuras medio humanas que parecen a punto de saltar a la calle. Cuando llueve, escupen el agua lejos de los muros. Por eso existen. Y por eso tienen esa cara de mal humor.
Key Facts
| Place | Saint-Séverin: gárgolas y un pilar que se retuerce |
|---|---|
| Address | 3 Rue des Prêtres-Saint-Séverin, 75005 Paris, France |
| Geo Coordinates | 48.85210, 2.34570 |
| Part of Walk | El Barrio Latino de París: de Saint-Michel al Panteón, la ciudad de los escritores |
| Generated | Generated |
Rodea la iglesia y alza la vista: de lo alto del tejado asoman gárgolas de piedra con la boca abierta, perros, monstruos, figuras medio humanas que parecen a punto de saltar a la calle. Cuando llueve, escupen el agua lejos de los muros. Por eso existen. Y por eso tienen esa cara de mal humor.
Saint-Séverin es una de las iglesias más antiguas de la orilla izquierda. Hubo un templo aquí desde muy temprano, pero lo que ves es sobre todo gótico tardío, el llamado flamígero, de los siglos quince y dieciséis, cuando la piedra se volvió encaje y llama. Fue durante siglos la parroquia de los estudiantes, los libreros y los copistas del barrio.
Entra si está abierta y ve hasta el fondo, detrás del altar. En el deambulatorio hay una columna que no se parece a ninguna: el fuste se retuerce sobre sí mismo como una cuerda, y de su capitel salen nervios en todas direcciones, como las ramas de una palmera de piedra. Ese pilar retorcido fascinó a Robert Delaunay, que hacia 1909 le dedicó una serie entera de cuadros. Y en las capillas de alrededor brillan unas vidrieras abstractas de Jean Bazaine, de los años sesenta, que dialogan sin complejos con las medievales.
El viejo cementerio parroquial, junto a la iglesia, guarda una historia que se repite desde hace siglos. Cuentan las crónicas que en 1474 un arquero condenado a muerte, que sufría terribles dolores de piedras, aceptó servir de conejillo de indias a los cirujanos de la ciudad. Lo operaron vivo, le sacaron la piedra, sobrevivió... y el rey le concedió el perdón y una buena bolsa de dinero.
Sal por la calle Saint-Séverin, cruza la calle Saint-Jacques, que sigue el trazado de la vía romana de Lutecia, y entra en la calle Galande. A pocos pasos, una iglesia pequeñita y un jardín asomado al río te esperan con el árbol más viejo de París.