Avenida de los Campos Elíseos: de huertas a pasarela
Why is it significant?
Camina por la acera ancha, entre escaparates y castaños, y mira avenida abajo: el asfalto desciende en una pendiente suave hasta el obelisco de la Concordia, y más allá se adivina el Louvre. Es una línea recta trazada a propósito, el gran eje de París.
Key Facts
| Place | Avenida de los Campos Elíseos: de huertas a pasarela |
|---|---|
| Address | Avenue des Champs-Élysées, 75008 Paris, France |
| Geo Coordinates | 48.87140, 2.30250 |
| Part of Walk | París imperial: del Arco del Triunfo a la Place Vendôme por los Campos Elíseos |
| Generated | Generated |
Camina por la acera ancha, entre escaparates y castaños, y mira avenida abajo: el asfalto desciende en una pendiente suave hasta el obelisco de la Concordia, y más allá se adivina el Louvre. Es una línea recta trazada a propósito, el gran eje de París. Hoy parece el lugar más inevitable de la ciudad... pero hace cuatro siglos aquí había campos, pantanos y huertas.
El responsable es André Le Nôtre, el jardinero de Luis XIV, el mismo de Versalles. Hacia 1667 prolongó la perspectiva del jardín de las Tullerías con una alameda para carruajes a la que llamaron el Gran Curso. El nombre de Campos Elíseos, el paraíso de los héroes en la mitología griega, llegó a principios del siglo dieciocho. Durante mucho tiempo fue un paseo a las afueras, oscuro de noche y con fama de peligroso.
Con los siglos, esta avenida se convirtió en el escenario donde Francia celebra y llora. El 26 de agosto de 1944, al día siguiente de la liberación de París, el general de Gaulle la bajó a pie entre una multitud enorme. Entre los primeros blindados que habían entrado en la ciudad la noche del 24 iba una compañía muy especial, La Nueve, formada sobre todo por republicanos españoles exiliados. Sus semiorugas llevaban nombres como Guadalajara, Teruel o Guernica, y en el desfile escoltaron al general.
Y cada verano la avenida tiene otro dueño: el Tour de Francia, que desde 1975 suele terminar aquí. Para los aficionados al ciclismo de habla hispana, este pavimento es sagrado. Pedro Delgado llegó de amarillo en 1988, y Miguel Induráin lo hizo cinco veces seguidas, de 1991 a 1995, algo que nadie había conseguido antes. Después, Carlos Sastre y Alberto Contador también ganaron el Tour.
Fíjate en la calzada: son adoquines, no asfalto, y los ciclistas los sienten en cada vuelta del circuito final. La avenida mide casi dos kilómetros de largo y unos setenta metros de ancho, y aun así en Nochevieja se llena hasta no caber un alfiler. Sigue bajando, con el obelisco al fondo, hasta el Rond-Point, donde los edificios dejan paso a los jardines.