Arènes de Lutèce: el anfiteatro escondido
Why is it significant?
Atraviesa el pasaje y, de repente, el ruido de la ciudad desaparece: estás dentro de un anfiteatro romano, con gradas de piedra en semicírculo, los restos de un escenario al fondo y, en la arena, unos vecinos jugando a la petanca con toda la calma del mundo.
Key Facts
| Place | Arènes de Lutèce: el anfiteatro escondido |
|---|---|
| Address | 49 Rue Monge, 75005 Paris, France |
| Geo Coordinates | 48.84510, 2.35290 |
| Part of Walk | El Barrio Latino de París: de Saint-Michel al Panteón, la ciudad de los escritores |
| Generated | Generated |
Atraviesa el pasaje y, de repente, el ruido de la ciudad desaparece: estás dentro de un anfiteatro romano, con gradas de piedra en semicírculo, los restos de un escenario al fondo y, en la arena, unos vecinos jugando a la petanca con toda la calma del mundo. Pocas ciudades esconden algo así detrás de un portal.
Estas son las arenas de Lutecia, el nombre romano de París. Se construyeron en el siglo primero después de Cristo, en la ladera de la colina, y podían acoger a miles de espectadores, quizá unos quince mil. Tenían una particularidad: eran a la vez anfiteatro y teatro, con una arena para combates y fieras, y un escenario para comedias y espectáculos. Lutecia era una ciudad modesta, así que un solo edificio tenía que servir para todo.
Con las invasiones de finales del Imperio, sus piedras se reutilizaron para fortificar la isla de la Cité, y el anfiteatro quedó enterrado y olvidado durante siglos. Solo una calle del barrio, la calle des Arènes, guardaba el recuerdo en su nombre.
En la década de 1860, las obras de la nueva calle Monge y de unas cocheras para los ómnibus sacaron a la luz los restos. Hubo quien quiso construir encima sin más, pero se formó una campaña para salvarlas, y uno de sus defensores más ilustres fue Victor Hugo, que en sus últimos años escribió a las autoridades pidiendo que se conservaran. Ganaron. A finales del siglo diecinueve se abrió aquí un jardín público, y desde entonces las arenas pertenecen a los niños, a los jubilados y a las bolas de petanca.
Siéntate un momento en las gradas. Hace casi dos mil años, alguien se sentó en esta misma ladera a mirar un espectáculo. Luego sal por el otro lado, hacia la calle de Navarre, y baja hacia el sureste por la calle Lacépède hasta la calle Geoffroy-Saint-Hilaire. Vas a ver un minarete aparecer entre los tejados de París.