Saint-Étienne-du-Mont: la escalinata de Medianoche en París

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Observa esta fachada con calma: un pórtico gótico, frontones renacentistas apilados uno encima de otro como capas de pastel, un rosetón, y al lado una torre campanario delgada que parece de otra iglesia. Se construyó durante más de un siglo, y se nota. Y sin embargo, funciona.

Key Facts

PlaceSaint-Étienne-du-Mont: la escalinata de Medianoche en París
AddressPlace Sainte-Geneviève, 75005 Paris, France
Geo Coordinates48.84660, 2.34800
Part of WalkEl Barrio Latino de París: de Saint-Michel al Panteón, la ciudad de los escritores
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Observa esta fachada con calma: un pórtico gótico, frontones renacentistas apilados uno encima de otro como capas de pastel, un rosetón, y al lado una torre campanario delgada que parece de otra iglesia. Se construyó durante más de un siglo, y se nota. Y sin embargo, funciona.

Fíjate ahora en los escalones del lateral, en la calle de la Montagne-Sainte-Geneviève. En la película Medianoche en París, de Woody Allen, el protagonista, un escritor estadounidense perdido, se sienta ahí cuando dan las doce, y un coche antiguo se detiene y lo lleva a los años veinte, a las fiestas de Scott Fitzgerald, a las charlas con Hemingway y Gertrude Stein. Desde entonces, no pocos lectores se sientan a esperar en esos escalones a medianoche. El coche, de momento, no ha vuelto.

Dentro te espera algo único: el jubé, una pasarela de piedra calada que cruza la nave de lado a lado, con dos escaleras de caracol que se enroscan en los pilares como hiedra. En la Edad Media casi todas las iglesias tenían uno, para separar el coro de los fieles. Este es el único que sobrevive en París. Y en una capilla se venera lo que queda de la tumba de Santa Genoveva: sus reliquias fueron quemadas en público durante la Revolución, en 1793.

Para un paseo literario, esta iglesia es casi un cementerio de genios. Aquí está enterrado Blaise Pascal, el matemático y filósofo que escribió que el corazón tiene razones que la razón no conoce. Y aquí descansa también Jean Racine, el gran poeta trágico, el de Fedra. Dos de las plumas más afiladas del siglo diecisiete francés, a pocos metros una de otra.

Ahora baja por la calle Clovis, donde todavía asoma un trozo de la vieja muralla medieval, y gira a la derecha por la calle del Cardinal-Lemoine. Busca el número 74: allí vivió un joven periodista estadounidense que todavía no había publicado ninguna novela.

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