Kleinhesseloher See: el lago del final

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Acércate a la orilla y deja que el paseo termine despacio: agua quieta, patos, alguna barca de remos que avanza en zigzag y unas islas cubiertas de árboles en medio del lago. Es el Kleinhesseloher See, y para muchos muniqueses es el rincón más romántico de todo el Jardín Inglés.

Key Facts

PlaceKleinhesseloher See: el lago del final
AddressKleinhesselohe, 80802 München, Germany
Geo Coordinates48.15750, 11.59450
Part of WalkMúnich verde: el río Isar, los surfistas del Eisbach y el Jardín Inglés
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Acércate a la orilla y deja que el paseo termine despacio: agua quieta, patos, alguna barca de remos que avanza en zigzag y unas islas cubiertas de árboles en medio del lago. Es el Kleinhesseloher See, y para muchos muniqueses es el rincón más romántico de todo el Jardín Inglés.

El lago es tan artificial como la colina del Monopteros. Se excavó a comienzos del siglo XIX, cuando Sckell amplió el parque hacia el norte, y toma su nombre de Kleinhesselohe, un antiguo paraje de la zona. Sckell pensaba como un pintor: cada curva de la orilla y cada isla están colocadas para que, camines por donde camines, el paisaje parezca natural y siempre cambie. Dedicó a este parque más de treinta años, hasta su muerte en 1823, y nunca lo consideró terminado.

Y el parque no termina aquí. Al norte del lago sigue durante kilómetros, cada vez más tranquilo y más silvestre, hasta las praderas donde todavía pasta un rebaño de ovejas que hace de cortacésped. En total, el Jardín Inglés tiene más de setenta kilómetros de caminos. Hay muniqueses que lo cruzan cada mañana en bici para ir al trabajo, sin pisar el asfalto.

Piensa en el camino que has hecho. Empezaste en un baño construido para quienes no tenían bañera en casa, y terminas en un parque que un soldado estadounidense abrió para todos, sin distinción de clases. Dos ideas, separadas por un siglo, con algo en común: que el agua, la sombra y la belleza no deberían ser un privilegio.

Así que haz como los de aquí. Busca un sitio en la orilla, en la hierba o en la terraza junto al agua, y quédate un rato mirando las barcas. Si te quedan fuerzas, sigue el lago hacia el norte y piérdete por el parque; si no, has llegado al final del paseo. Gracias por caminar conmigo por el Múnich verde.

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