Alter Hof: el primer castillo de los Wittelsbach
Why is it significant?
Entra en el patio del Alter Hof y date la vuelta hacia la torre de la puerta: verás un mirador gótico que sobresale de la pared, coronado por un tejadillo de tejas vidriadas de colores dispuestas en rombos. Es lo más parecido que conserva Múnich a la cara de su primera corte. Aquí empezó todo.
Key Facts
| Place | Alter Hof: el primer castillo de los Wittelsbach |
|---|---|
| Address | Alter Hof 1, 80331 München, Germany |
| Geo Coordinates | 48.13820, 11.57800 |
| Part of Walk | Múnich de los Wittelsbach: del Stachus a la Residencia y la Feldherrnhalle |
| Generated | Generated |
Entra en el patio del Alter Hof y date la vuelta hacia la torre de la puerta: verás un mirador gótico que sobresale de la pared, coronado por un tejadillo de tejas vidriadas de colores dispuestas en rombos. Es lo más parecido que conserva Múnich a la cara de su primera corte.
Aquí empezó todo. Hacia 1255, cuando Baviera se repartió entre dos hermanos, el duque Luis el Severo eligió Múnich como residencia y levantó este castillo pegado a la muralla. Era pequeño y apretado, más fortaleza que palacio. Y en él creció el Wittelsbach más poderoso de la Edad Media: Luis el Bávaro, el emperador del fresco del Isartor. Durante su reinado, el Alter Hof fue residencia imperial, y entre estos muros se guardaron las insignias del Sacro Imperio: la corona, el cetro, la lanza sagrada.
La leyenda más querida del patio es la del mono. Se cuenta que un mono de la corte sacó al pequeño Luis de su cuna y trepó con él hasta lo alto de una torre, mientras abajo la corte entera contenía el aliento. Al final el animal bajó tan tranquilo y devolvió al niño sano y salvo. Por eso los muniqueses llamaron a aquella torre la torre del mono, aunque ya no esté en pie.
¿Por qué se marcharon los duques de aquí? Por miedo a sus propios súbditos. A finales del siglo catorce los burgueses de Múnich se rebelaron más de una vez, y los duques decidieron construirse un castillo nuevo en una esquina de la muralla, rodeado de agua, fuera del alcance de la ciudad: la Neuveste, el núcleo de la futura Residencia. El Alter Hof quedó para oficinas, tesorería y archivos, y así siguió durante siglos.
Mira el patio con otros ojos: casi no hay rastro de oro, ni de mármol, y sin embargo aquí se decidió durante décadas la política de medio imperio. Sal ahora hacia el norte por el Hofgraben, el antiguo foso, y en un par de minutos se abrirá ante ti una plaza enorme, con un rey sentado en el centro.