Museo Estatal de Arte Egipcio: el oro de la reina de Meroe
Why is it significant?
Ponte frente al gran muro de hormigón gris, liso y altísimo, y sigue con la mirada la larga rampa que baja hacia una puerta casi escondida en el suelo. No hay columnas, ni frontones, ni estatuas: solo una pared desnuda que recuerda la entrada de un templo excavado en la roca.
Key Facts
| Place | Museo Estatal de Arte Egipcio: el oro de la reina de Meroe |
|---|---|
| Address | Gabelsbergerstraße 35, 80333 München, Germany |
| Geo Coordinates | 48.14700, 11.56830 |
| Part of Walk | Múnich, la Atenas del Isar: Königsplatz, el Jinete Azul y las Pinacotecas |
| Generated | Generated |
Ponte frente al gran muro de hormigón gris, liso y altísimo, y sigue con la mirada la larga rampa que baja hacia una puerta casi escondida en el suelo. No hay columnas, ni frontones, ni estatuas: solo una pared desnuda que recuerda la entrada de un templo excavado en la roca.
Es el Museo Estatal de Arte Egipcio, abierto aquí en 2013 en un edificio de Peter Böhm. Casi todo está bajo tierra: encima funcionan las aulas de la escuela de cine y televisión, y debajo, en penumbra, las salas de los faraones. La idea es que bajes, literalmente, hacia una tumba, y que cada estatua aparezca de pronto en la penumbra, como en una excavación. La colección tiene raíces viejas: Luis I ya había reservado una sala egipcia en su Gliptoteca.
La pieza que más asombra no es egipcia sino de su vecino del sur: el oro de Amanishakheto, reina de Meroe, en el antiguo reino de Kush, en el actual Sudán. Brazaletes con dioses alados, anillos con sellos, collares de oro y piedras de colores, de hace unos dos mil años. Una orfebrería tan fina que parece imposible hecha a mano.
Su historia es de saqueo. En 1834 un médico y aventurero italiano, Giuseppe Ferlini, desmontó la parte alta de la pirámide de la reina buscando tesoros, y los encontró. Volvió a Europa y vendió el botín: una parte la compró Luis I, la otra acabó en Berlín. Hoy esa compra se mira con otros ojos, y es justo recordarlo delante de las vitrinas, porque una pirámide quedó mutilada para siempre.
Fíjate, al salir, en lo que tienes alrededor: un museo bajo tierra, una escuela de cine encima, y enfrente el césped de la vieja pinacoteca. En pocos metros conviven cinco mil años. Camina hacia el este por la Gabelsbergerstraße hasta la Barer Straße: el gran edificio de hormigón claro con una rotonda es la parada siguiente.