La pradera de San Isidro: la orilla que pintó Goya

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Desde esta orilla, mira al otro lado del río, a la ladera que sube suavemente hacia el oeste, salpicada de árboles y edificios. Esa colina es la pradera de San Isidro, y si te resulta familiar aunque no hayas estado nunca, es porque Goya la convirtió en uno de los cuadros más famosos de Madrid.

Key Facts

PlaceLa pradera de San Isidro: la orilla que pintó Goya
AddressPaseo de la Virgen del Puerto, 28005 Madrid, Spain
Geo Coordinates40.40580, -3.72220
Part of WalkMadrid Río: puentes, garzas y el Matadero a orillas del Manzanares
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Desde esta orilla, mira al otro lado del río, a la ladera que sube suavemente hacia el oeste, salpicada de árboles y edificios. Esa colina es la pradera de San Isidro, y si te resulta familiar aunque no hayas estado nunca, es porque Goya la convirtió en uno de los cuadros más famosos de Madrid.

En 1788 Goya pintó La pradera de San Isidro, un boceto para un tapiz que nunca llegó a tejerse. Retrató la romería del 15 de mayo: cientos de madrileños merendando en la hierba, majas con sombrillas, carruajes, parejas... y al fondo, al otro lado del Manzanares, la silueta de la ciudad con el Palacio Real y la cúpula de San Francisco el Grande. Es decir, Goya pintó la vista contraria a la tuya: él estaba allí arriba, mirando hacia aquí.

La romería existe por una fuente. Según la tradición, San Isidro Labrador, el patrón de Madrid, hizo brotar allí un manantial para dar de beber a su amo en pleno verano. Siglos después, cuenta la tradición, la emperatriz Isabel, esposa de Carlos V, mandó levantar una ermita junto al agua, agradecida porque había curado a un miembro de la familia real. La ermita actual es del siglo XVIII, y cada 15 de mayo miles de personas siguen subiendo a beber de ese manantial.

Y la fiesta sigue viva: chulapos y chulapas con sus trajes de gala y el clavel en la cabeza, organillos, rosquillas listas y tontas, y familias enteras merendando en la hierba, igual que en el cuadro. Es el día en que Madrid se disfraza de sí mismo... y le sale de maravilla. Si estás en la ciudad a mediados de mayo, cruza el río y súbete a la pradera.

Lo curioso es que, durante décadas, la M-30 cortó esta vista con un muro de coches, y el cuadro de Goya parecía describir un Madrid desaparecido para siempre. Hoy, con la autopista bajo tierra y la orilla convertida en paseo, el diálogo entre las dos riberas ha vuelto. Sigue río abajo; a tu izquierda se abre un gran espacio donde, durante medio siglo, se jugó al fútbol encima de una autopista.

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