Puente de Toledo: santos barrocos sobre el Manzanares
Why is it significant?
Delante tienes un puente que parece un retablo de piedra: arcos sólidos abajo y, arriba, a mitad de camino, dos templetes barrocos llenos de volutas, conchas y pináculos, como pequeños altares colgados sobre el agua.
Key Facts
| Place | Puente de Toledo: santos barrocos sobre el Manzanares |
|---|---|
| Address | Puente de Toledo, Glorieta de Pirámides, 28005 Madrid, Spain |
| Geo Coordinates | 40.39910, -3.71510 |
| Part of Walk | Madrid Río: puentes, garzas y el Matadero a orillas del Manzanares |
| Generated | Generated |
Delante tienes un puente que parece un retablo de piedra: arcos sólidos abajo y, arriba, a mitad de camino, dos templetes barrocos llenos de volutas, conchas y pináculos, como pequeños altares colgados sobre el agua. Es el puente de Toledo, y es todo lo contrario del sobrio puente de Segovia que dejaste atrás.
Antes de él hubo otros puentes en este paso, y el río, tan despreciado, se los fue llevando con sus crecidas. El definitivo lo levantó Pedro de Ribera, el mismo arquitecto de la ermita del principio, entre 1718 y 1732, con el impulso del mismo corregidor, el marqués de Vadillo. Daba entrada a Madrid a quien llegaba desde Toledo y Andalucía, y Ribera quiso que fuera un arco de triunfo tendido sobre el agua.
Acércate a los templetes. En uno está San Isidro Labrador, el patrón de Madrid, el campesino del siglo XII al que, según la leyenda, los ángeles le araban el campo mientras él rezaba. En el otro, su esposa, Santa María de la Cabeza. Las estatuas son del escultor Juan Alonso Villabrille y Ron, y llevan casi tres siglos vigilando el río, con la piedra gastada por el viento y la lluvia.
Y aquí va una leyenda que encaja de maravilla con un puente. Se cuenta que Santa María de la Cabeza, para llegar a una ermita al otro lado del río Jarama, crecido por las lluvias, extendió su mantilla sobre el agua y cruzó encima, como si fuera una balsa. Una santa que no necesitaba puentes, colocada para siempre sobre uno. Su sobrenombre, dicen, viene de la reliquia de su cabeza, que se veneró y se sacó en procesión durante siglos.
Hoy el puente es solo para peatones y bicicletas, y desde su centro tienes una de las mejores vistas del río. Si quieres, avanza hasta la mitad para asomarte entre los santos, y luego sigue por esta misma orilla hacia el este: el paseo se convierte en un gran parque, y enseguida verás un puente muy distinto, hecho de acero en espiral.