Museo Sorolla: la casa y el jardín del pintor de la luz
Why is it significant?
Al cruzar la verja entras en un jardín que no parece de Madrid: fuentes que murmuran, azulejos, arrayanes, un banco de cerámica a la sombra. Lo diseñó el propio Joaquín Sorolla, y lo pintó tantas veces que pasear por él es como caminar dentro de uno de sus cuadros.
Key Facts
| Place | Museo Sorolla: la casa y el jardín del pintor de la luz |
|---|---|
| Address | Paseo del General Martínez Campos 37, 28010 Madrid, Spain |
| Geo Coordinates | 40.43540, -3.69250 |
| Part of Walk | El Chamberí secreto de Madrid: el Andén 0, la casa de Sorolla y la Residencia de Estudiantes |
| Generated | Generated |
Al cruzar la verja entras en un jardín que no parece de Madrid: fuentes que murmuran, azulejos, arrayanes, un banco de cerámica a la sombra. Lo diseñó el propio Joaquín Sorolla, y lo pintó tantas veces que pasear por él es como caminar dentro de uno de sus cuadros.
Sorolla, valenciano, era a comienzos del siglo XX uno de los pintores más famosos del mundo. En 1909 triunfó en Nueva York con una exposición que atrajo a una multitud, y con lo que ganó levantó esta casa, terminada en 1911, con vivienda, estudio y jardín. Para el jardín se inspiró en lo que había visto en Andalucía, en la Alhambra de Granada y en el Alcázar de Sevilla: agua, sombra y color. Lo dividió en tres pequeños jardines, cada uno con su propio carácter.
Dentro, el estudio sigue como si él acabara de salir: los pinceles, los caballetes, el gran diván. En las paredes, sus playas de Valencia, niños desnudos saliendo del agua, velas blancas, mujeres paseando por la orilla con vestidos que el viento convierte en luz. Y retratos de su mujer, Clotilde, a la que pintó una y otra vez durante toda su vida, como si nunca terminara de conocerla.
En 1920, mientras pintaba un retrato precisamente en este jardín, sufrió una hemiplejia que le impidió volver a pintar. Murió en 1923. Clotilde legó la casa y buena parte de la obra al Estado, y en 1932 abrió sus puertas como museo, dirigido durante años por su hijo, Joaquín Sorolla García. Hay pocas casas de artista en Europa que se conserven tan enteras como esta.
Siéntate un minuto junto al estanque y escucha. El ruido del tráfico del paseo desaparece detrás de los muros, y queda solo el murmullo del agua, el mismo que acompañaba al pintor cuando salía a trabajar al aire libre. Luego sal y baja por la calle de Miguel Ángel: a la vuelta de la esquina hay una casa de ladrillo donde muchas mujeres españolas conquistaron el derecho a estudiar.