Edificio Coliseum: la casa que pagaron las zarzuelas
Why is it significant?
Mira la fachada alta y ordenada del número 78, con el nombre del Coliseum sobre la entrada. Parece un edificio de oficinas más en la avenida... pero detrás hay una historia preciosa, porque este edificio lo pagaron, literalmente, las canciones que silbaba toda España.
Key Facts
| Place | Edificio Coliseum: la casa que pagaron las zarzuelas |
|---|---|
| Address | Gran Vía 78, 28013 Madrid, Spain |
| Geo Coordinates | 40.42330, -3.71030 |
| Part of Walk | La Gran Vía de Madrid: cien años de cúpulas, cines y rascacielos |
| Generated | Generated |
Mira la fachada alta y ordenada del número 78, con el nombre del Coliseum sobre la entrada. Parece un edificio de oficinas más en la avenida... pero detrás hay una historia preciosa, porque este edificio lo pagaron, literalmente, las canciones que silbaba toda España.
Su promotor fue Jacinto Guerrero, un músico nacido en Ajofrín, un pueblo de Toledo, que llegó a ser uno de los compositores de zarzuela más populares de su tiempo. Los gavilanes, El huésped del sevillano, La rosa del azafrán... sus melodías se cantaban en las cocinas, en los cafés y en los organillos de las verbenas. Y con lo que ganó con ellas decidió hacer algo que pocos artistas se atreven a hacer: construirse su propio teatro en la avenida de moda.
El proyecto lo firmaron Pedro Muguruza, el mismo del Palacio de la Prensa, y Casto Fernández-Shaw, un arquitecto fascinado por la modernidad, autor de una gasolinera de 1927 en la calle de Alberto Aguilera que todavía hoy parece una nave espacial. Y aquí hay un guiño de familia: Casto era hijo de Carlos Fernández Shaw, libretista de zarzuelas como La revoltosa. El hijo del libretista levantando la casa del compositor... la zarzuela, otra vez, metida en los cimientos de la Gran Vía.
El Coliseum abrió en 1932 como teatro y cine, con una sala enorme para la época, y desde entonces ha vivido de todo: revistas, estrenos de películas, conciertos y, en las últimas décadas, grandes musicales. Fíjate en cómo la fachada ya no tiene nada de parisino: líneas rectas, volúmenes limpios, una verticalidad que anuncia lo que viene unos metros más allá. Y la calle que baja junto a la Plaza de España lleva hoy el nombre del compositor: la calle del Maestro Guerrero.
Jacinto Guerrero murió en 1951, en plena posguerra, cuando a pocos pasos de su teatro ya crecía un gigante de ladrillo que iba a cambiar el perfil de Madrid. No llegó a verlo terminado. Sigue unos pasos más hacia el oeste, hasta donde la Gran Vía desemboca en la Plaza de España, y levanta la vista hacia esa mole que se alza en la esquina.