Plaza de San Ildefonso y calle del Espíritu Santo: el mercado perdido y el estallido de 1980

Why is it significant?

Esta plaza pequeña e irregular, con su iglesia de fachada clara, sus bancos y sus terrazas, fue durante más de un siglo el mercado del barrio. Cierra los ojos un momento e imagina el griterío de los puestos de verdura, las pescaderas pregonando y los carros abriéndose paso entre la gente.

Key Facts

PlacePlaza de San Ildefonso y calle del Espíritu Santo: el mercado perdido y el estallido de 1980
AddressPlaza de San Ildefonso, 28004 Madrid, Spain
Geo Coordinates40.42420, -3.70190
Part of WalkMalasaña, del Dos de Mayo a la Movida: la banda sonora rebelde de Madrid
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Esta plaza pequeña e irregular, con su iglesia de fachada clara, sus bancos y sus terrazas, fue durante más de un siglo el mercado del barrio. Cierra los ojos un momento e imagina el griterío de los puestos de verdura, las pescaderas pregonando y los carros abriéndose paso entre la gente.

El mercado de San Ildefonso, abierto en 1835, se cuenta entre los primeros mercados cubiertos de Madrid, y abasteció durante generaciones a todo el viejo barrio de Maravillas. En el siglo veinte lo derribaron y la plaza quedó despejada, tal como la ves. El nombre ha resucitado hace poco en un mercado gastronómico de la calle de Fuencarral, pero el original estaba aquí.

Junto a la plaza corre la calle del Espíritu Santo, una de las arterias de la noche madrileña de los ochenta. Pero ¿cuándo empezó la Movida? Muchos sitúan su pistoletazo de salida el 9 de febrero de 1980, en el concierto homenaje a Canito, el batería del grupo Tos, muerto en un accidente de tráfico pocas semanas antes. Se celebró en la Escuela de Caminos, y en el cartel estaban Nacha Pop, Alaska y los Pegamoides y los propios compañeros de Canito, que poco después pasarían a llamarse Los Secretos.

Ese mismo año, Nacha Pop publicaba La chica de ayer, una canción de Antonio Vega que se convirtió en himno de varias generaciones, y se estrenaba Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón, el primer largometraje comercial de un tal Pedro Almodóvar, con una Alaska adolescente en el reparto. Todo se rodaba, se grababa y se tocaba con muy poco dinero y muchísimas ganas.

No fue un movimiento con manifiesto ni con sede: fue la explosión de libertad de gente muy joven que hacía canciones con tres acordes y fotos con cámaras prestadas. Y, como toda explosión, duró poco y dejó huella en todo lo que vino después. Baja ahora por la Corredera Alta de San Pablo, hacia el sur, hasta una iglesia que esconde uno de los interiores más sorprendentes de Madrid.

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