Palacio de Longoria: modernismo en la corte y la casa de los autores

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Mira esta fachada que parece moverse: piedra clara que se curva como cera derretida, balcones ondulados, rejas que trepan como enredaderas y una esquina redondeada coronada por una cúpula. En una ciudad de ladrillo y granito, es casi una provocación.

Key Facts

PlacePalacio de Longoria: modernismo en la corte y la casa de los autores
AddressCalle de Fernando VI 4, 28004 Madrid, Spain
Geo Coordinates40.42530, -3.69670
Part of WalkMalasaña, del Dos de Mayo a la Movida: la banda sonora rebelde de Madrid
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Mira esta fachada que parece moverse: piedra clara que se curva como cera derretida, balcones ondulados, rejas que trepan como enredaderas y una esquina redondeada coronada por una cúpula. En una ciudad de ladrillo y granito, es casi una provocación.

El palacio se construyó a comienzos del siglo veinte para el banquero Javier González Longoria, y su arquitecto fue el catalán José Grases Riera. Es el ejemplo más célebre de modernismo en Madrid, una ciudad que nunca abrazó ese estilo con el entusiasmo de Barcelona. Por eso sorprende tanto: es como encontrarse a Gaudí de visita en la corte.

Y ahora, la música. Desde 1950 el palacio es la sede de la Sociedad General de Autores y Editores, la SGAE, la entidad que gestiona los derechos de compositores, letristas y escritores. Sus raíces están en la Sociedad de Autores Españoles, fundada en 1899 por un grupo en el que figuraba el compositor Ruperto Chapí, el de La Revoltosa, para que los autores cobraran por las obras que llenaban teatros de toda España.

Piénsalo: cada vez que sonó en una radio, una discoteca o una verbena una canción de la Movida, de Alaska, de Nacha Pop o de Radio Futura, el rastro de sus derechos de autor pasaba, de una forma u otra, por la entidad que tiene aquí su casa. Radio Futura, por cierto, publicó en 1980 Enamorado de la moda juvenil, una canción que miraba con mucha ironía la propia moda que estaba naciendo en estas calles.

El interior es aún más espectacular que la fachada, con una escalera modernista de hierro bajo una claraboya de vidrio que parece un caleidoscopio. Si alguna vez tienes ocasión de entrar, mira hacia arriba. Ahora sigue unos pasos más hacia el este: la última parada es un convento real con banda sonora barroca.

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