El Aquiles de Hyde Park: bronce de cañones de Salamanca y Vitoria
Why is it significant?
Ahí lo tienes: un guerrero de bronce oscuro, enorme, desnudo salvo por una pequeña hoja estratégica, que levanta un escudo contra el cielo sobre un pedestal de granito. Lo llaman Aquiles, aunque en realidad no es exactamente Aquiles.
Key Facts
| Place | El Aquiles de Hyde Park: bronce de cañones de Salamanca y Vitoria |
|---|---|
| Address | Park Lane, Hyde Park, London W2 2UH, United Kingdom |
| Geo Coordinates | 51.50480, -0.15290 |
| Part of Walk | Londres de museos y jardines: de los cuadros españoles de Wellington a South Kensington |
| Generated | Generated |
Ahí lo tienes: un guerrero de bronce oscuro, enorme, desnudo salvo por una pequeña hoja estratégica, que levanta un escudo contra el cielo sobre un pedestal de granito. Lo llaman Aquiles, aunque en realidad no es exactamente Aquiles.
La estatua se inauguró en 1822, obra de Richard Westmacott, y la pagaron mediante una suscripción de las mujeres de Inglaterra, como homenaje a Wellington y sus victorias. Lee la inscripción del pedestal: el bronce salió de cañones franceses capturados en Salamanca, Vitoria, Toulouse y Waterloo. Es decir, buena parte de este guerrero se fundió con metal ganado en suelo español. El modelo tampoco viene de Troya: Westmacott copió uno de los domadores de caballos del Quirinal, en Roma, esas figuras gigantes que entonces se atribuían a Fidias y Praxíteles.
Y ahora viene el escándalo. Era la primera estatua pública de un desnudo masculino en Londres, de unos cinco metros y medio, y la habían encargado señoras respetables. Los caricaturistas se divirtieron de lo lindo con las damas admirando a su héroe, y alguien decidió que hacía falta una hoja de parra. La hoja sigue en su sitio, aunque se cuenta que algún bromista la ha arrancado más de una vez.
Piensa en la paradoja: un monumento a la gloria militar, pagado por mujeres que no podían votar, fundido con armas del enemigo, que imita una escultura de Roma y lleva el nombre de un héroe griego. Londres hace estas mezclas con total naturalidad. Y Wellington, desde las ventanas de Apsley House, podía ver cada mañana la espalda de su propio homenaje.
Escucha el tráfico de Park Lane al otro lado de la verja. Hace dos siglos este rincón era el borde de la ciudad, y más allá había campos y caminos de carruajes. Ese mundo sigue vivo dentro del parque: quizá veas pasar jinetes por la arena de Rotten Row, la vieja avenida real. Camina hacia el oeste, en paralelo a ella, hasta encontrar el agua: el lago te espera a unos minutos.