Cais do Sodré

Why is it significant?

Llega hasta el borde del muelle y mira el Tajo, tan ancho aquí que parece un mar. Los barcos de pasajeros cruzan hacia Cacilhas, en la otra orilla, las gaviotas planean sobre el agua y, a lo lejos, a tu derecha, ves el gran puente rojo.

Key Facts

PlaceCais do Sodré
AddressCais do Sodré, 1200-450 Lisboa, Portugal
Geo Coordinates38.70500, -9.14550
Part of WalkLisboa a bocados: ginjinha, pasteles, bacalao y mercados
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Llega hasta el borde del muelle y mira el Tajo, tan ancho aquí que parece un mar. Los barcos de pasajeros cruzan hacia Cacilhas, en la otra orilla, las gaviotas planean sobre el agua y, a lo lejos, a tu derecha, ves el gran puente rojo. Estás en el Cais do Sodré, el muelle donde termina nuestro paseo.

Este lugar ha sido siempre una puerta. Por el río llegaban el pescado, la fruta y el vino; por el tren, desde finales del siglo XIX, llegaban y salían los viajeros de la línea de la costa, hacia Belém, Estoril y Cascais. Muchos lisboetas cruzan todavía el río en barco solo para comer pescado y marisco en las tascas de la otra orilla, mirando Lisboa de frente al atardecer. Es uno de los placeres más sencillos de la ciudad.

Si vienes en junio, vas a entender la otra pasión de Lisboa: la sardina. En las fiestas de los santos populares, sobre todo en la noche del 12 al 13 de junio, víspera de San Antonio, la ciudad entera huele a brasa. Se asan sardinas en la calle y se comen sobre una rebanada de pan que se empapa de grasa, con pimientos asados y vino. Dicen los lisboetas que la sardina buena es la de los meses sin erre... y junio no la tiene.

Y si te quedaste con ganas del pastel de nata original, desde la estación que tienes detrás salen los trenes de la línea de Cascais, que paran en Belém. Allí, junto al monasterio de los Jerónimos, sigue la casa de 1837 con su receta secreta. Lo hemos contado en la confitería: un dulce nacido de las yemas que sobraban a los frailes.

Mira atrás y repasa el camino: el marisco de Portas de Santo Antão, el cerdo negro del Alentejo, la ginjinha de un gallego, el bolo-rei, el bacalao de Terranova, las latas, la bica de Pessoa, el bizcocho de los navegantes y el mercado. Lisboa se entiende mejor comiendo. Busca un banco frente al río, quédate a ver cómo cambia la luz sobre el agua, y brinda por la próxima vez.

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