Elevador de Santa Justa: una costura de hierro

Why is it significant?

Al fondo de la Rua de Santa Justa, encajada entre los edificios, se levanta una torre de hierro de unos cuarenta y cinco metros, calada como un encaje, con arcos ojivales y rosetones. No es una iglesia ni un campanario: es un ascensor.

Key Facts

PlaceElevador de Santa Justa: una costura de hierro
AddressRua do Ouro, 1150-060 Lisboa, Portugal
Geo Coordinates38.71220, -9.13880
Part of WalkLisboa renacida: la Baixa Pombalina y el terremoto de 1755
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Al fondo de la Rua de Santa Justa, encajada entre los edificios, se levanta una torre de hierro de unos cuarenta y cinco metros, calada como un encaje, con arcos ojivales y rosetones. No es una iglesia ni un campanario: es un ascensor. Y lleva más de un siglo subiendo gente desde la Baixa hasta el Largo do Carmo.

Se inauguró en 1902, y su autor fue Raoul Mesnier du Ponsard, un ingeniero nacido en Oporto de familia francesa. Durante años se repitió que era discípulo de Gustave Eiffel, y todavía lo leerás en más de una guía, pero no hay prueba de que trabajaran juntos. Lo que sí es cierto es que Mesnier proyectó varios de los elevadores y funiculares con los que Lisboa intentó domar sus colinas a finales del siglo XIX.

Al principio funcionaba a vapor, y en 1907 se electrificó. Las cabinas de madera y latón conservan el aire de la Belle Époque, con sus asientos y sus espejos. Arriba, una pasarela de hierro salta por encima de los tejados hasta la colina del Carmo, y desde la plataforma superior ves la cuadrícula pombalina entera, como un plano desplegado sobre la mesa.

Ese es el sentido profundo del elevador: es una costura. La Baixa es el valle llano que Pombal reconstruyó a escuadra; el Chiado y el Bairro Alto, la colina que conserva más trazado antiguo. Entre las dos hay una cuesta brutal para una ciudad de carros, mulas y piernas cansadas, y el ascensor de hierro las unió justo cuando el siglo XX llamaba a la puerta. Mira la base de la torre: las vigas remachadas, una a una, son la tecnología punta de su tiempo.

Un consejo de amigo: la cola suele ser larga, y hay alternativa. Muy cerca, unas calles y escaleras empinadas te suben a pie en pocos minutos, aunque es una cuesta de verdad y conviene tomarla con calma. Sube como prefieras, en el ascensor o andando, hasta una plaza pequeña con jacarandás, donde se recortan contra el cielo unos arcos góticos sin techo.

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