Central Tejo y MAAT: la luz de Lisboa

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Delante de ti, junto al río, dos edificios se miran: una central eléctrica de ladrillo rojo, con chimeneas y ventanales de catedral industrial, y a su lado una ola blanca y baja que parece derretirse hacia el Tajo, con un tejado por el que se puede caminar.

Key Facts

PlaceCentral Tejo y MAAT: la luz de Lisboa
AddressAvenida de Brasília, 1300-598 Lisboa, Portugal
Geo Coordinates38.69570, -9.19500
Part of WalkBelém y los Descubrimientos: imperio, especias y memoria en Lisboa
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Delante de ti, junto al río, dos edificios se miran: una central eléctrica de ladrillo rojo, con chimeneas y ventanales de catedral industrial, y a su lado una ola blanca y baja que parece derretirse hacia el Tajo, con un tejado por el que se puede caminar. La vieja es la Central Tejo; la nueva, el MAAT, el museo de arte, arquitectura y tecnología.

Empezamos aquí, lejos de las carabelas, a propósito. Durante buena parte del siglo XX esta central quemó carbón para dar luz a Lisboa. El carbón llegaba en barco, sobre todo de Gran Bretaña, y dentro, junto a las calderas, trabajaban los fogoneros, alimentando el fuego a paladas con un calor insoportable. Dejó de producir electricidad en los años setenta y hoy se visita con sus calderas, turbinas y pasarelas, como un barco varado.

El edificio blanco, inaugurado en 2016, es obra de la arquitecta británica Amanda Levete. Está revestido de miles de piezas de cerámica que reflejan la luz del río y cambian de tono con las horas, un guiño a los azulejos de la ciudad. Sube a su cubierta: desde ahí ves el Puente 25 de Abril, el Cristo Rei en la otra orilla y, hacia el oeste, Belém, que es adonde vamos.

Y ahora cambia de escala. Unos centenares de metros más al oeste estaba la playa del Restelo, de donde zarpaban las naves hacia África, la India y Brasil. De allí salió Vasco da Gama en 1497, y por este mismo estuario entraron durante siglos especias, oro, azúcar... y personas esclavizadas. En este paseo vamos a mirar las dos caras de esa historia, la que sale en las postales y la que se cuenta menos.

Para un oído español hay además un hilo propio: Portugal y Castilla se repartieron el mundo, literalmente, con un tratado firmado en un pueblo de Valladolid. Ya llegaremos a él. Cruza ahora la pasarela peatonal sobre las vías del tren y la avenida, y camina hacia el oeste hasta un gran edificio moderno de hormigón gris que parece flotar sobre pilares.

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