Palazzo Davanzati: la cocina en el último piso
Why is it significant?
Levanta la vista hacia esta fachada alta de piedra y fíjate en los hierros que sobresalen entre las ventanas: ganchos, anillas y barras que parecen puestos al azar. Servían para colgar ropa a secar, jaulas de pájaros, estandartes en días de fiesta y antorchas por la noche.
Key Facts
| Place | Palazzo Davanzati: la cocina en el último piso |
|---|---|
| Address | Via Porta Rossa 13, 50123 Firenze FI, Italy |
| Geo Coordinates | 43.77010, 11.25290 |
| Part of Walk | Florencia para comérsela: mercados, buchette del vino y cafés históricos |
| Generated | Generated |
Levanta la vista hacia esta fachada alta de piedra y fíjate en los hierros que sobresalen entre las ventanas: ganchos, anillas y barras que parecen puestos al azar. Servían para colgar ropa a secar, jaulas de pájaros, estandartes en días de fiesta y antorchas por la noche. Es el Palazzo Davanzati, y por dentro es lo más parecido a entrar en una casa florentina del siglo XIV.
Lo construyó a mediados del siglo XIV la familia Davizzi, mercaderes ricos, y en 1578 lo compró Bernardo Davanzati, un erudito que tradujo a Tácito al toscano. A comienzos del siglo XX un anticuario, Elia Volpi, lo restauró y lo llenó de muebles de época, y hoy es un museo del Estado: el Museo de la Casa Florentina Antigua. Aquí no se viene a ver obras maestras, sino a ver cómo se vivía.
Y la sorpresa está arriba del todo: la cocina. En las casas grandes de la época se colocaba en el último piso, por dos razones muy prácticas. El humo salía mejor por el tejado, y si el fuego se escapaba, ardía la parte alta antes que las salas nobles y los almacenes. Allí verás el gran hogar, ollas, morteros y utensilios, y un detalle asombroso: un pozo interior con una polea que subía el agua hasta cada planta. Agua corriente, o casi, en la Edad Media.
¿Qué se comía en una casa así? Pan, mucho pan, legumbres, verduras del huerto, vino de las propias tierras, y carne o caza cuando había dinero. Y especias: pimienta, jengibre, canela, azafrán, que los mercaderes florentinos compraban en los puertos de Oriente y que en la mesa eran casi una forma de presumir. Una salsa bien especiada decía a los invitados que la casa iba bien en los negocios.
Fíjate en lo moderno que resulta todo: la despensa abajo, la cocina arriba, el agua a mano, la comida como escaparate social. Ahora sigue por Via Porta Rossa hacia el este, pasa junto al mercado del Porcellino y toma Via Vacchereccia hasta la gran plaza del poder. En su esquina espera un café que lleva desde 1872 sirviendo chocolate.