Mercato di Sant'Ambrogio: la compra de los florentinos
Why is it significant?
Abre bien los ojos y los oídos: puestos al aire libre con montañas de alcachofas, calabacines con flor y hojas oscuras de cavolo nero, vendedores que llaman a sus clientes por el nombre y señoras que discuten el precio de los tomates con una seriedad de notario. Estás en el Mercato di Sant'Ambrogio.
Key Facts
| Place | Mercato di Sant'Ambrogio: la compra de los florentinos |
|---|---|
| Address | Piazza Lorenzo Ghiberti, 50122 Firenze FI, Italy |
| Geo Coordinates | 43.77050, 11.26680 |
| Part of Walk | Florencia para comérsela: mercados, buchette del vino y cafés históricos |
| Generated | Generated |
Abre bien los ojos y los oídos: puestos al aire libre con montañas de alcachofas, calabacines con flor y hojas oscuras de cavolo nero, vendedores que llaman a sus clientes por el nombre y señoras que discuten el precio de los tomates con una seriedad de notario. Estás en el Mercato di Sant'Ambrogio.
Se inauguró en 1873, también con proyecto de Giuseppe Mengoni, el arquitecto del Mercato Centrale, y es su hermano pequeño: la misma idea de hierro y cristal, pero a escala de barrio. Dentro están los carniceros, los queseros, los panaderos; fuera, los puestos de fruta y verdura, muchos de ellos de productores del campo de los alrededores. Aquí apenas se oyen idiomas extranjeros.
Este es el mejor lugar para entender la cocina florentina de verdad, la cucina povera, la cocina pobre. Con el pan sin sal endurecido se hace la ribollita, una sopa espesa de legumbres y cavolo nero que se recalienta al día siguiente, de ahí su nombre, rehervida. Con tomates maduros y pan viejo, la pappa al pomodoro. Con pan mojado, cebolla, pepino y albahaca, la panzanella del verano. Y con las alubias blancas, los fagioli, que valieron a los toscanos el apodo de mangiafagioli, comealubias.
Fíjate también en los puestos de casquería y en los cortes que en otros mercados ya no se ven. Aquí se sigue comprando lo que la cocina antigua sabía aprovechar: lengua, callos, carnes para el caldo largo. Y no muy lejos de la entrada suele haber un quiosco de lampredotto, el mismo plato humilde que viste al empezar el paseo, cerrando así el círculo de los estómagos florentinos.
Si tienes hambre, este es tu momento: compra fruta, un trozo de pecorino o un panecillo, y come como come el barrio. Después cruza la calle hacia el sur, hacia Via Ghibellina, donde un antiguo convento convertido en cárcel y luego en plaza te espera para la última historia.