Le Murate: de convento y cárcel a plaza
Why is it significant?
Entra en estos patios abiertos, con mesas, libros y gente charlando bajo los soportales, y levanta la vista a los muros altos y a las ventanas estrechas que los rodean. Te lo dirán todo: esto fue un convento y después una cárcel. Se llama Le Murate, las emparedadas.
Key Facts
| Place | Le Murate: de convento y cárcel a plaza |
|---|---|
| Address | Piazza delle Murate, 50122 Firenze FI, Italy |
| Geo Coordinates | 43.76920, 11.26790 |
| Part of Walk | Florencia para comérsela: mercados, buchette del vino y cafés históricos |
| Generated | Generated |
Entra en estos patios abiertos, con mesas, libros y gente charlando bajo los soportales, y levanta la vista a los muros altos y a las ventanas estrechas que los rodean. Te lo dirán todo: esto fue un convento y después una cárcel. Se llama Le Murate, las emparedadas.
La historia empieza a finales del siglo XIV con unas mujeres que decidieron vivir en clausura absoluta, encerradas en una pequeña celda junto a un puente sobre el Arno. La comunidad creció, y en el siglo XV se trasladó aquí, a Via Ghibellina, donde se convirtió en un gran convento benedictino. Las monjas eran famosas por su vida austera... y las familias ricas confiaban a sus hijas a sus muros.
Una de esas niñas fue Caterina de' Medici. Durante el asedio de Florencia de 1529 y 1530, con la familia expulsada de la ciudad, la pequeña Caterina, que tenía unos diez años, quedó como rehén en un convento, y pasó una parte de ese tiempo aquí, en Le Murate. Cuentan que las monjas la protegieron cuando algunos exaltados pedían su cabeza. Pocos años después, en 1533, se casó con el futuro rey Enrique II de Francia.
Y con ella llega la leyenda gastronómica más famosa de Florencia: que Caterina llevó a Francia a sus cocineros, el tenedor, los helados, las alcachofas y el pato a la naranja, y que la gran cocina francesa nació de la toscana. Los historiadores la discuten casi frase por frase. Pero en Florencia se cuenta con orgullo, y en la mesa, ya sabes, la leyenda siempre gana. En el siglo XIX el convento se convirtió en cárcel, y lo fue hasta los años ochenta; luego la ciudad lo recuperó como viviendas, cafés y espacios culturales.
De monjas a presos, de presos a vecinos tomando un café: pocas plazas resumen mejor cómo Florencia recicla sus piedras. Has empezado el paseo entre el caldo del lampredotto y lo terminas entre leyendas de reinas y cocineros. Busca una mesa, pide algo de comer y brinda por la ciudad que convirtió el pan duro en arte y el vino en ventanitas.