Casa Buonarroti: la casa de la familia
Why is it significant?
Párate en la esquina de Via Ghibellina y Via Buonarroti y mira el palacio sobrio de fachada clara y ventanas ordenadas. Es la Casa Buonarroti. Él no nació aquí, pero es la casa que su dinero levantó para su familia. En 1508, cuando ya era famoso, Miguel Ángel compró en esta calle varias casas.
Key Facts
| Place | Casa Buonarroti: la casa de la familia |
|---|---|
| Address | Via Ghibellina 70, 50122 Firenze FI, Italy |
| Geo Coordinates | 43.76990, 11.26360 |
| Part of Walk | Florencia tras los pasos de Miguel Ángel: del jardín de los Médici a su tumba en Santa Croce |
| Generated | Generated |
Párate en la esquina de Via Ghibellina y Via Buonarroti y mira el palacio sobrio de fachada clara y ventanas ordenadas. Es la Casa Buonarroti. Él no nació aquí, pero es la casa que su dinero levantó para su familia.
En 1508, cuando ya era famoso, Miguel Ángel compró en esta calle varias casas. Las alquiló, las usó a temporadas, y durante años las pagó con lo que ganaba en Roma. Quien de verdad la convirtió en un monumento fue su sobrino nieto, que también se llamaba Michelangelo Buonarroti, el Joven, un literato del siglo diecisiete. A partir de 1612 encargó a los mejores pintores de Florencia una galería entera de cuadros que celebraban la vida de su tío abuelo.
En uno de esos techos hay una joven desnuda pintada por Artemisia Gentileschi, entonces apenas veinteañera. Décadas más tarde, un descendiente más pudoroso mandó cubrirla con velos y nubes pintadas, y así sigue. Pocas veces una pintora del barroco ha sido vestida a la fuerza por un cliente.
Pero lo que te debe hacer entrar son dos relieves de mármol que Miguel Ángel talló con dieciséis o diecisiete años, en tiempos del jardín de los Médici. La Virgen de la escalera, plana y silenciosa como un relieve de Donatello. Y la Batalla de los centauros, un amasijo de cuerpos que se retuercen, sin un solo hueco vacío, que él guardó toda su vida. Es como ver la primera página de un diario: todo lo que vendrá ya está ahí.
Hay también maquetas de madera para la fachada nunca construida de San Lorenzo y dibujos de su mano. El último Buonarroti, Cosimo, dejó la casa a la ciudad en 1858. Ahora vuelve a bajar hacia la plaza y entra en la basílica: es la última parada, y también la de él.