El jardín de San Marco: donde empezó todo

Why is it significant?

Detente junto al largo palacio de piedra gris y ventanas enrejadas que se extiende por Via Cavour, al norte de Piazza San Marco. No tiene nada de jardín, ¿verdad?

Key Facts

PlaceEl jardín de San Marco: donde empezó todo
AddressVia Camillo Cavour 57, 50129 Firenze FI, Italy
Geo Coordinates43.77960, 11.25880
Part of WalkFlorencia tras los pasos de Miguel Ángel: del jardín de los Médici a su tumba en Santa Croce
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Detente junto al largo palacio de piedra gris y ventanas enrejadas que se extiende por Via Cavour, al norte de Piazza San Marco. No tiene nada de jardín, ¿verdad? Y sin embargo, hacia 1490, en este mismo terreno crecían árboles entre estatuas antiguas, y un muchacho de unos quince años, con las manos blancas de polvo de mármol, estaba aprendiendo a ser Miguel Ángel.

Era el jardín de los Médici en San Marco. Lorenzo el Magnífico guardaba aquí parte de su colección de esculturas romanas, y el viejo escultor Bertoldo di Giovanni, que había sido alumno de Donatello, cuidaba de las piezas y de los jóvenes que venían a copiarlas. Giorgio Vasari, medio siglo después, lo pintó casi como la primera academia de bellas artes de Europa. Los historiadores de hoy son más prudentes: seguramente era algo más informal, un taller con buenos modelos y un mecenas que pasaba de vez en cuando. Pero para Miguel Ángel fue la puerta de todo.

Cuentan sus primeros biógrafos que el chico copió en mármol la cabeza de un fauno viejo, y que, por su cuenta, le abrió la boca para enseñar todos los dientes. Lorenzo la miró y le dijo en broma que un fauno tan anciano no podía tener la dentadura completa. Cuando volvió, al fauno le faltaba un diente, con la encía perforada como si se lo hubieran arrancado... Y el señor de Florencia se llevó al muchacho a vivir a su palacio, a comer en su mesa junto a sus propios hijos.

Conviene recordar de dónde venía. En 1488 su padre lo había colocado como aprendiz en el taller del pintor Domenico Ghirlandaio, aunque Miguel Ángel repetiría toda su vida que nunca había tenido maestro. Era así: orgulloso, susceptible, brillante. Uno de los jóvenes del jardín, Pietro Torrigiano, acabó perdiendo la paciencia con sus burlas y le rompió la nariz de un puñetazo. Quedó torcida para siempre, y la verás en todos sus retratos.

El palacio que tienes delante, el Casino Mediceo, lo levantó Bernardo Buontalenti en la década de 1570 para el gran duque Francesco I, que montó aquí sus laboratorios de alquimia y de porcelana. El jardín de las estatuas desapareció bajo sus cimientos. Ahora cruza la plaza hacia el sur y entra en Via Ricasoli: a pocos pasos te espera un gigante.

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