Galleria dell'Accademia: el David y los Prisioneros
Why is it significant?
Mira la puerta discreta de Via Ricasoli y la fila de gente que se alarga por la acera: todos vienen a ver a un solo chico desnudo de mármol. Dentro, al final de un largo pasillo, bajo una cúpula de cristal construida solo para él, está el David original.
Key Facts
| Place | Galleria dell'Accademia: el David y los Prisioneros |
|---|---|
| Address | Via Ricasoli 58-60, 50122 Firenze FI, Italy |
| Geo Coordinates | 43.77690, 11.25880 |
| Part of Walk | Florencia tras los pasos de Miguel Ángel: del jardín de los Médici a su tumba en Santa Croce |
| Generated | Generated |
Mira la puerta discreta de Via Ricasoli y la fila de gente que se alarga por la acera: todos vienen a ver a un solo chico desnudo de mármol. Dentro, al final de un largo pasillo, bajo una cúpula de cristal construida solo para él, está el David original. Más de cinco metros de piedra que parecen respirar.
Lo increíble es que nadie quería ese bloque. Había salido de las canteras de Carrara hacia 1464, y dos escultores, Agostino di Duccio y después Antonio Rossellino, lo empezaron y lo abandonaron. Durante décadas se quedó tirado en el patio de la Opera del Duomo, estropeado, delgado, demasiado alto. Los florentinos lo llamaban el Gigante. En 1501 se lo ofrecieron a un Miguel Ángel de veintiséis años, recién llegado de Roma con la fama de su Piedad. Él aceptó, levantó un cobertizo a su alrededor y trabajó casi tres años a salvo de las miradas.
Fíjate en lo que hizo: no el David vencedor con la cabeza de Goliat a los pies, como el de Donatello, sino el instante antes de la pelea. El ceño fruncido, la honda al hombro, la mano derecha enorme. En 1504 una comisión en la que estaban Leonardo da Vinci y Botticelli discutió dónde ponerlo, y acabó ante el Palazzo Vecchio como símbolo de una república pequeña que se enfrentaba a gigantes. Allí aguantó a la intemperie hasta 1873, cuando lo trajeron aquí.
Tampoco aquí ha estado a salvo del todo. En 1991 un hombre sacó un martillo escondido y le rompió parte de un dedo del pie izquierdo. Se restauró, y desde entonces el David vive tras una barrera, vigilado como una persona.
Pero antes de llegar a él, no pases de largo por el pasillo. Ahí están los Prisioneros, cuatro figuras que Miguel Ángel empezó para la tumba del papa Julio II y nunca terminó. Un torso se retuerce, un hombro sale del bloque, una cabeza sigue atrapada en la piedra en bruto. Él escribió que la figura ya está dentro del mármol y que el escultor solo quita lo que sobra... y aquí lo ves a medio hacer. Ahora vuelve hacia Piazza San Marco: el convento de la esquina guarda una voz que Miguel Ángel nunca olvidó.