Giardino Bardini: glicinas sobre Florencia
Why is it significant?
Asómate a la terraza más alta del jardín y deja que la vista te golpee: la cúpula de Brunelleschi parece estar al alcance de la mano, con el campanario de Giotto, la torre del Palazzo Vecchio y Santa Croce alineados delante, y abajo, entre los tejados, la cinta verde del Arno.
Key Facts
| Place | Giardino Bardini: glicinas sobre Florencia |
|---|---|
| Address | Costa San Giorgio 2, 50125 Firenze FI, Italy |
| Geo Coordinates | 43.76400, 11.25690 |
| Part of Walk | Florencia verde: del Giardino Bardini a San Miniato y el Piazzale Michelangelo |
| Generated | Generated |
Asómate a la terraza más alta del jardín y deja que la vista te golpee: la cúpula de Brunelleschi parece estar al alcance de la mano, con el campanario de Giotto, la torre del Palazzo Vecchio y Santa Croce alineados delante, y abajo, entre los tejados, la cinta verde del Arno.
Esta ladera lleva siglos cultivada. En la Edad Media era el huerto de los Mozzi, los banqueros de la plaza de abajo. En el siglo diecisiete se construyó arriba la villa que hoy llamamos Villa Bardini, y los jardines fueron cambiando de dueño y de estilo: una parte a la italiana, con su escalinata barroca, otra de bosque inglés, otra de huerta y frutales.
Pero si vienes en primavera, todo lo demás desaparece. Hay un túnel de glicinas, una pérgola larga por la que cuelgan racimos morados, y a finales de abril el aire huele a miel. Después llegan las hortensias, de las que el jardín guarda una colección enorme, y en otras terrazas los lirios, la flor que Florencia lleva en su escudo, aunque allí el lirio rojo parezca más una flor heráldica que una de verdad.
El jardín estuvo a punto de perderse. Stefano Bardini lo compró en 1913, su hijo Ugo lo heredó, y a la muerte de este, en 1965, la herencia acabó enredada en décadas de pleitos. Mientras tanto, la vegetación se lo comía todo. Solo tras una larga restauración volvió a abrir al público en 2007, con sus terrazas recuperadas y su vieja pérgola otra vez en flor.
Busca un rincón con sombra y escucha: abejas, el agua de una fuente, campanas a lo lejos, y casi nada de tráfico. Así sonaba Florencia antes de los motores. Ahora sal por la parte alta, de nuevo a la Costa San Giorgio, y sube los últimos metros hasta la puerta en las murallas, a la sombra de una fortaleza en forma de estrella.