Costa San Giorgio: la cuesta de Galileo
Why is it significant?
Respira hondo: la Costa San Giorgio sube sin piedad entre muros altos, adoquines gastados y portones que dejan ver, de pronto, un jardín colgado. Apenas pasan coches, y a los pocos metros el ruido del centro desaparece. Parece imposible que el Ponte Vecchio esté a cinco minutos.
Key Facts
| Place | Costa San Giorgio: la cuesta de Galileo |
|---|---|
| Address | Costa San Giorgio 19, 50125 Firenze FI, Italy |
| Geo Coordinates | 43.76490, 11.25540 |
| Part of Walk | Florencia verde: del Giardino Bardini a San Miniato y el Piazzale Michelangelo |
| Generated | Generated |
Respira hondo: la Costa San Giorgio sube sin piedad entre muros altos, adoquines gastados y portones que dejan ver, de pronto, un jardín colgado. Apenas pasan coches, y a los pocos metros el ruido del centro desaparece. Parece imposible que el Ponte Vecchio esté a cinco minutos.
En el número 19, una lápida en la fachada recuerda a un vecino ilustre: Galileo Galilei. En 1610, después de descubrir con su telescopio las lunas de Júpiter, Galileo las bautizó como astros mediceos en honor de la familia gobernante, y el gran duque Cosimo II le devolvió el favor nombrándolo matemático y filósofo de la corte. Así volvió a Florencia, y durante una temporada vivió en esta cuesta.
Piensa en lo que significaba para él este lugar: desde las colinas de la orilla sur el cielo está más limpio y el horizonte más abierto. Aquí siguió observando, escribiendo y peleando por escrito con medio mundo académico. Y desde aquí tenía cerca a sus hijas, que había hecho entrar en un convento de monjas en Arcetri, al sur, en las colinas que pronto verás detrás de las murallas.
La historia no acabó bien. En 1633 la Inquisición lo condenó en Roma por defender que la Tierra gira alrededor del Sol. Tuvo que abjurar y pasó sus últimos años en arresto domiciliario en su villa de Arcetri, Il Gioiello, cerca de su hija Virginia, sor Maria Celeste, que le escribía cartas llenas de ternura y que murió antes que él. Galileo, ya ciego, murió en Arcetri en 1642.
Las cartas de sor Maria Celeste se conservan, las de Galileo a ella no. Solo oímos una mitad de esa conversación entre un padre y una hija... Sigue subiendo la cuesta. A tu izquierda, detrás de un muro, se abre un jardín en terrazas con una de las mejores vistas de Florencia.