Basílica de Santa Croce: la tumba de Miguel Ángel
Why is it significant?
Entra en la nave inmensa de Santa Croce, con su techo de vigas de madera, y camina por el lado derecho. Casi enseguida, en la primera tumba, tres figuras de mármol lloran sentadas bajo un busto de un hombre de nariz rota. Has llegado.
Key Facts
| Place | Basílica de Santa Croce: la tumba de Miguel Ángel |
|---|---|
| Address | Piazza di Santa Croce 16, 50122 Firenze FI, Italy |
| Geo Coordinates | 43.76840, 11.26310 |
| Part of Walk | Florencia tras los pasos de Miguel Ángel: del jardín de los Médici a su tumba en Santa Croce |
| Generated | Generated |
Entra en la nave inmensa de Santa Croce, con su techo de vigas de madera, y camina por el lado derecho. Casi enseguida, en la primera tumba, tres figuras de mármol lloran sentadas bajo un busto de un hombre de nariz rota. Has llegado.
Miguel Ángel murió en Roma el 18 de febrero de 1564, a punto de cumplir ochenta y nueve años. Roma quería quedárselo: lo depositaron en la iglesia de los Santi Apostoli, muy cerca de la basílica de San Pedro cuya cúpula había diseñado. Pero él había pedido volver a Florencia. Así que su sobrino Leonardo hizo sacar el cuerpo de Roma a escondidas, envuelto como si fuera un fardo de mercancía, y en marzo llegó a esta iglesia.
Vasari cuenta que, cuando abrieron el ataúd para que los florentinos lo vieran, el cuerpo estaba intacto, como si durmiera, después de semanas de viaje. La multitud se agolpó en la nave para tocar al hombre que había hecho el David. Y hay una leyenda bonita: dicen que pidió descansar en un lugar desde donde, el día del Juicio, al abrirse las puertas, pudiera ver la cúpula de Brunelleschi.
Vasari diseñó también la tumba. Las tres mujeres que lloran son la Pintura, la Escultura y la Arquitectura, las tres artes que él dominó, y cada una la talló un escultor distinto. Ahora date la vuelta. Al otro lado de la nave descansa Galileo Galilei, trasladado aquí en 1737, y más adelante el sepulcro de Maquiavelo, el de Rossini y un cenotafio de Dante, que sigue enterrado en Rávena porque Florencia lo desterró.
Empezaste en un jardín desaparecido, con un chico que le arrancaba un diente a un fauno de mármol, y terminas ante el monumento que la ciudad le levantó como a un príncipe. Entre las dos cosas cabe un siglo de Florencia: los Médici, Savonarola, la república, el asedio. Quédate un momento delante de la tumba. Y cuando salgas a la plaza, mira hacia la colina de San Miniato, al otro lado del río: también ahí trabajó él, defendiendo esta ciudad.