Piazza Santo Spirito y la basílica de Brunelleschi
Why is it significant?
Busca un banco a la sombra, junto a la fuente, y mira la fachada que cierra la plaza: un perfil curvo, color crema, sin una sola estatua ni una columna. Por la mañana hay puestos de fruta, por la tarde niños con balones, y por la noche la plaza entera se llena de conversaciones.
Key Facts
| Place | Piazza Santo Spirito y la basílica de Brunelleschi |
|---|---|
| Address | Piazza di Santo Spirito 30, 50125 Firenze FI, Italy |
| Geo Coordinates | 43.76680, 11.24810 |
| Part of Walk | El Oltrarno secreto de Florencia: de San Frediano al Palazzo Pitti y Bóboli |
| Generated | Generated |
Busca un banco a la sombra, junto a la fuente, y mira la fachada que cierra la plaza: un perfil curvo, color crema, sin una sola estatua ni una columna. Por la mañana hay puestos de fruta, por la tarde niños con balones, y por la noche la plaza entera se llena de conversaciones. Es Piazza Santo Spirito, el salón de estar del Oltrarno.
Esa fachada tan sencilla esconde una de las iglesias más perfectas del Renacimiento. Santo Spirito es uno de los últimos proyectos de Filippo Brunelleschi, el de la cúpula de la catedral. Las obras empezaron en 1444, y él murió dos años después, así que otros la terminaron. Dentro, un bosque de columnas grises y casi cuarenta capillas iguales, como una música que se repite.
Cuentan que Brunelleschi quería girar la iglesia para que mirara al Arno, con una gran plaza abierta hasta el río, de modo que quien llegara por barco viera la fachada desde el agua. Los propietarios de las casas no quisieron vender, y el sueño se quedó en papel. Y la fachada nunca recibió decoración: lo que ves es un enlucido del siglo dieciocho.
En la sacristía se conserva un crucifijo de madera pintada, delicado, casi adolescente. Lo talló un Miguel Ángel de unos diecisiete años. El prior del convento le permitía estudiar anatomía con los cadáveres del hospital, en secreto y de noche, y el joven escultor se lo agradeció con esta obra. Durante siglos su autoría se olvidó, y hasta el siglo veinte no se reconoció su mano.
Santo Spirito fue además el convento de los agustinos, uno de los grandes centros de estudio de la ciudad, donde se reunían los humanistas. El propio Boccaccio legó su biblioteca a este convento. Hoy, en algunos domingos del mes, la plaza se llena de puestos de antigüedades y artesanía. Ahora sal por la esquina sur de la plaza, por Via Mazzetta, y en un minuto llegarás a una plazuela donde vivieron dos poetas ingleses que se habían fugado juntos.