Officina Profumo-Farmaceutica di Santa Maria Novella

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Empuja la puerta discreta de Via della Scala y deja que el olor te reciba antes que nada: rosa, lirio, cera, hierbas secas. Detrás se abren salas abovedadas, armarios de madera oscura, frascos de cristal y frescos antiguos. Estás en una de las farmacias más antiguas de Europa que siguen abiertas.

Key Facts

PlaceOfficina Profumo-Farmaceutica di Santa Maria Novella
AddressVia della Scala 16, 50123 Firenze FI, Italy
Geo Coordinates43.77430, 11.24780
Part of WalkFlorencia de los Médici: de San Lorenzo a Santa Maria Novella
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Empuja la puerta discreta de Via della Scala y deja que el olor te reciba antes que nada: rosa, lirio, cera, hierbas secas. Detrás se abren salas abovedadas, armarios de madera oscura, frascos de cristal y frescos antiguos. Estás en una de las farmacias más antiguas de Europa que siguen abiertas.

Los frailes dominicos llegaron a Florencia en 1221 y, como en tantos conventos, cultivaron un huerto de plantas medicinales para curar a los hermanos enfermos. De los alambiques del claustro salían aguas de rosas, ungüentos y elixires, y su fama creció tanto que en 1612 la botica se abrió oficialmente al público. Desde entonces no ha dejado de vender, aunque hace mucho que ya no la llevan los frailes.

La leyenda más querida del lugar habla de Catalina de Médici. Se cuenta que los frailes crearon para ella un agua perfumada, el Acqua della Regina, que se llevó a Francia en 1533, cuando se casó con el futuro rey Enrique II. Según la historia, así viajó la moda florentina del perfume a la corte francesa... y así habría empezado, en parte, la fama de los perfumistas de Francia. Tómalo como leyenda: bonita, plausible y muy repetida.

La sala principal fue en otro tiempo una capilla, convertida en tienda en el siglo diecinueve, y el contraste es delicioso: bajo bóvedas pensadas para la oración, la gente huele jabones. Aquí se sigue elaborando el alquermes, un licor de color rojo intenso que las abuelas toscanas usan para empapar los bizcochos de sus postres. Y hay un vinagre de los siete ladrones, cuyo nombre recuerda la historia de unos saqueadores que, se decía, robaban a los apestados sin contagiarse.

Piensa en esto: cuando Masaccio pintaba su Trinidad a unos pasos, los frailes ya destilaban aquí sus remedios. Es la otra cara de la ciudad de los Médici, la de la química, la paciencia y la botica. Al salir, sigue Via della Scala y luego baja hacia el río por Via del Porcellana, hasta la plaza que se asoma al Arno, donde una familia de navegantes le dio nombre a un continente.

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