Wrangelkiez y Schlesisches Tor: el rincón encerrado

Why is it significant?

Pasea por la Wrangelstraße, entre fachadas de principios del siglo XX, balcones con plantas, bicicletas encadenadas a cada farola y pequeños comercios de barrio.

Key Facts

PlaceWrangelkiez y Schlesisches Tor: el rincón encerrado
AddressWrangelstraße 50, 10997 Berlin, Germany
Geo Coordinates52.49840, 13.44090
Part of WalkKreuzberg secreto: de la East Side Gallery al canal, el Berlín del arte urbano
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Pasea por la Wrangelstraße, entre fachadas de principios del siglo XX, balcones con plantas, bicicletas encadenadas a cada farola y pequeños comercios de barrio. A tu espalda ha quedado la estación elevada de Schlesisches Tor, con su tejado ornamentado posado sobre las vías como un pabellón de cuento.

Esa estación es de 1902 y pertenece a la primera línea de metro de Berlín, que circulaba sobre un viaducto de hierro, como un tren volando entre los edificios. El barrio en el que estás lleva el nombre de Friedrich von Wrangel, un mariscal prusiano tan longevo que los berlineses lo llamaban «Papá Wrangel», y se contaban chistes sobre su gramática, que mezclaba los casos del alemán sin ningún pudor.

Durante la división, este rincón quedó encerrado por dos lados: al norte, el Spree, que pertenecía al Este; al este, el Muro que separaba Kreuzberg de Treptow. Era un callejón sin salida a escala de barrio: al final de la Schlesische Straße, la calle terminaba literalmente contra el hormigón. Los alquileres eran bajísimos, los edificios viejos no interesaban a ningún inversor, y aquí llegaron familias venidas de Turquía, estudiantes, artistas y punks.

Ese aislamiento acabó salvándolo. En los años sesenta y setenta, los planes urbanísticos de Berlín Oeste preveían derribar buena parte del viejo Kreuzberg para trazar una autopista urbana y levantar bloques nuevos. Los vecinos se organizaron, ocuparon casas vacías, protestaron sin descanso y lograron algo insólito: que la ciudad cambiara de política y empezara a rehabilitar los edificios con cuidado en lugar de demolerlos. Muchas de estas fachadas existen gracias a esa rebeldía.

Mira los bajos de los edificios: panaderías turcas, cafés minúsculos, tiendas de segunda mano. Aquí todo parece hecho a pequeña escala, y es justo lo que el barrio defiende cada vez que sube un alquiler. Sigue hacia el suroeste, hasta el gran parque abierto que se extiende detrás de las casas: el Görlitzer Park.

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