La isla de Rousseau y el bosque que se convirtió en leña

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Detente junto a este estanque tranquilo, con patos y sauces, y busca en la islita una columna sencilla de piedra rematada por una urna. Pocos visitantes llegan hasta aquí, y casi ninguno sabe a quién está dedicada.

Key Facts

PlaceLa isla de Rousseau y el bosque que se convirtió en leña
AddressGroßer Weg, 10557 Berlin, Germany
Geo Coordinates52.51230, 13.35790
Part of WalkBerlín del Reichstag al Tiergarten: cúpulas, memoriales y la plaza que volvió de la nada
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Detente junto a este estanque tranquilo, con patos y sauces, y busca en la islita una columna sencilla de piedra rematada por una urna. Pocos visitantes llegan hasta aquí, y casi ninguno sabe a quién está dedicada.

Es la isla de Rousseau, la Rousseauinsel, un homenaje al filósofo ginebrino Jean-Jacques Rousseau creado a finales del siglo XVIII. Imita la isla de los Álamos de Ermenonville, al norte de París, donde Rousseau fue enterrado en 1778, entre el agua y los árboles. En plena Ilustración, los jardines sentimentales a la inglesa se llenaron de guiños como este: el paseante debía detenerse, emocionarse y pensar en la naturaleza.

En la década de 1830, el gran paisajista Peter Joseph Lenné rediseñó el Tiergarten y le dio la forma que, en esencia, todavía ves: caminos curvos, estanques, arroyos, claros que se abren de repente detrás de un grupo de árboles. Era un parque pensado para todos, no solo para la corte. Los berlineses lo adoptaron como su salón al aire libre, con coches de caballos, parejas de enamorados y niñeras empujando cochecitos.

Y entonces llegó 1945. Tras la batalla de Berlín, el parque era un paisaje de cráteres. En los terribles inviernos de la posguerra, sin carbón ni calefacción, los berlineses talaron casi todos los árboles para hacer leña y convirtieron los claros en huertos de patatas y verduras. Del viejo bosque quedó muy poco en pie. Cuentan quienes lo vivieron que desde el centro del parque se veía la Puerta de Brandeburgo a lo lejos, sin nada en medio.

La replantación empezó en 1949, cuando el alcalde Ernst Reuter plantó un tilo simbólico, y llegaron árboles jóvenes donados desde ciudades de toda Alemania Occidental. Así que casi todo lo que te rodea, por viejo y majestuoso que parezca, tiene menos de ochenta años. Un bosque que parece eterno y es, en realidad, un acto de voluntad colectiva. Sigue ahora los senderos hacia el este, hasta una isla llena de flores dedicada a una reina.

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