Somorrostro: la playa de Carmen Amaya
Why is it significant?
A tu izquierda, el edificio del Hospital del Mar; a tu derecha, una franja ancha de arena con redes de voleibol, duchas y gente tomando el sol. Todo parece nuevo, limpio y despreocupado.
Key Facts
| Place | Somorrostro: la playa de Carmen Amaya |
|---|---|
| Address | Passeig Marítim de la Barceloneta 25, 08003 Barcelona, Spain |
| Geo Coordinates | 41.38320, 2.19350 |
| Part of Walk | La Barceloneta y el mar: pescadores, arroces y la bomba de Barcelona |
| Generated | Generated |
A tu izquierda, el edificio del Hospital del Mar; a tu derecha, una franja ancha de arena con redes de voleibol, duchas y gente tomando el sol. Todo parece nuevo, limpio y despreocupado. Y sin embargo, durante buena parte del siglo XX, aquí se levantó uno de los barrios de barracas más conocidos de Barcelona: el Somorrostro.
Desde finales del siglo XIX, familias llegadas del campo y de otras regiones de España, muchas de ellas gitanas, construyeron chabolas de madera, latón y lo que encontraban, directamente sobre la arena. No había agua corriente ni alcantarillado, y los temporales de invierno se llevaban casas enteras. En sus peores años vivieron aquí miles de personas, a un paso de una ciudad que prefería no mirar.
Y de esta playa salió una de las grandes artistas del siglo XX. Carmen Amaya nació en el Somorrostro, y de niña bailaba por las tabernas del puerto para ganar unas monedas mientras su padre tocaba la guitarra. Acabó llenando teatros en Buenos Aires, Nueva York y Hollywood, con una fuerza y una velocidad de pies que nadie había visto, y bailando a menudo con pantalones, algo casi escandaloso para una bailaora de su época.
A mediados de los años sesenta, el Somorrostro fue desmantelado y sus vecinos, realojados en barrios de la periferia. No quedó ni una tabla. Pero hoy este tramo de arena vuelve a llevar su viejo nombre, Platja del Somorrostro, y unos metros atrás, en la Plaça de Brugada, junto al paseo marítimo, una fuente dedicada a Carmen Amaya recuerda a la niña que bailaba entre redes y barcas.
La cocina del Somorrostro era la de la necesidad: lo que daba el mar, guisado al aire libre sobre la arena, a pocos cientos de metros de los balnearios donde se bañaban los barceloneses acomodados. Dos ciudades en la misma playa, separadas por unas tablas. Sigue caminando por el paseo marítimo, con el mar a tu derecha. Al fondo ya brilla, a los pies de dos rascacielos, un enorme pez dorado.