Sant Miquel del Port: la iglesia del barrio nuevo

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Estás en una plaza pequeña y luminosa, y frente a ti se alza una fachada barroca de piedra clara, con la figura del arcángel san Miguel en lo alto. Alrededor, balcones con ropa tendida, sillas de bar en la acera y vecinos que charlan en catalán como si la plaza fuera el salón de su casa.

Key Facts

PlaceSant Miquel del Port: la iglesia del barrio nuevo
AddressPlaça de la Barceloneta, 08003 Barcelona, Spain
Geo Coordinates41.37990, 2.18850
Part of WalkLa Barceloneta y el mar: pescadores, arroces y la bomba de Barcelona
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Estás en una plaza pequeña y luminosa, y frente a ti se alza una fachada barroca de piedra clara, con la figura del arcángel san Miguel en lo alto. Alrededor, balcones con ropa tendida, sillas de bar en la acera y vecinos que charlan en catalán como si la plaza fuera el salón de su casa. Es Sant Miquel del Port, la iglesia con la que empezó todo el barrio.

Para entenderla hay que volver a 1714. Tras un largo asedio, Barcelona cayó ante las tropas de Felipe V, y el nuevo poder decidió vigilarla de cerca. Para levantar una enorme fortaleza, la Ciutadella, derribó buena parte del barrio de la Ribera, a unos pasos de aquí: cientos de casas, calles enteras, talleres y huertos. Miles de personas se quedaron sin hogar, y muchas acabaron viviendo en barracas sobre esta misma playa.

Casi cuarenta años después, en 1753, el capitán general, el marqués de la Mina, ordenó construir un barrio de verdad sobre el arenal. El ingeniero militar Juan Martín Cermeño lo trazó con escuadra y cartabón: calles rectas, manzanas largas y estrechas, casas idénticas. Suele decirse que fue el primer barrio planificado de Barcelona, un siglo antes del Eixample. Y esta iglesia, terminada en 1755, fue su corazón, el primer gran edificio de un barrio que hasta entonces había sido un arenal.

El patrón del barrio es san Miguel, y su fiesta, a finales de septiembre, sigue marcando la Festa Major de la Barceloneta. Los vecinos decoran sus calles, sacan mesas larguísimas a la calzada y cenan juntos, con música hasta tarde. En un barrio de pisos diminutos, la calle siempre ha sido el comedor, y la sobremesa, un asunto colectivo.

El mercado del barrio está a la vuelta de la esquina, pero lo dejaremos para más tarde, cuando el paseo te haya abierto el apetito. Ahora vuelve hacia el agua, hasta el Passeig de Joan de Borbó, y síguelo hacia el sur, entre restaurantes de arroces, hasta donde amarran las barcas de pesca bajo una vieja torre con reloj.

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