El Peix de Frank Gehry
Why is it significant?
Ahí está, a los pies de dos torres gemelas: un pez gigantesco de láminas doradas, con la cola levantada, que parece nadar en el aire por encima del paseo. Según la hora y la luz, es de oro, de cobre o de plata. Es el Peix, el pez de Frank Gehry, y es la última parada de este paseo.
Key Facts
| Place | El Peix de Frank Gehry |
|---|---|
| Address | Carrer de la Marina 19, 08005 Barcelona, Spain |
| Geo Coordinates | 41.38640, 2.19660 |
| Part of Walk | La Barceloneta y el mar: pescadores, arroces y la bomba de Barcelona |
| Generated | Generated |
Ahí está, a los pies de dos torres gemelas: un pez gigantesco de láminas doradas, con la cola levantada, que parece nadar en el aire por encima del paseo. Según la hora y la luz, es de oro, de cobre o de plata. Es el Peix, el pez de Frank Gehry, y es la última parada de este paseo.
Gehry lo diseñó para los Juegos Olímpicos de 1992, cuando todo este frente marítimo, antes ocupado por fábricas, almacenes y vías de tren, se convirtió en la Vila Olímpica y el Port Olímpic. Mide más de cincuenta metros de largo y está hecho de una malla metálica que deja pasar la luz y el viento. Detrás, las dos torres, el Hotel Arts y la Torre Mapfre, se inauguraron ese mismo año y durante años fueron los edificios más altos de España.
Hay un detalle que lo convierte en una pieza de la historia de la arquitectura. Para resolver sus curvas, el estudio de Gehry recurrió a un programa informático creado para diseñar aviones, y este pez fue uno de sus primeros proyectos hechos así. Aquella manera de trabajar le llevaría, años después, al Museo Guggenheim de Bilbao. Dicho de otro modo: antes que Bilbao, hubo un pez en Barcelona.
¿Y por qué un pez? Gehry ha contado muchas veces que, de niño, su abuela compraba carpas vivas y las dejaba nadar en la bañera antes de cocinarlas. El pequeño Frank se pasaba horas mirándolas. Aquel pez en la bañera se quedó con él para siempre... y de algún modo acabó flotando aquí, sobre el Mediterráneo, convertido en un gigante dorado.
Mira hacia atrás, hacia la Barceloneta. Has recorrido un banco de arena regalado por el mar, un barrio levantado para los desplazados, un muelle de pescadores, playas de balnearios, de chiringuitos y de barracas. Y en todas las paradas había lo mismo: una cocina humilde que acabó siendo orgullo de toda Barcelona. Si te ha entrado hambre, ya sabes el camino de vuelta... el barrio está a tu espalda, y el arroz, en el fuego.