Porxos d'en Xifré: la fortuna de un indiano

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Estás bajo unos soportales neoclásicos de arcos amplios, y sobre ellos corre una fachada larga decorada con relieves: figuras del comercio, anclas, medallones con rostros de otra época. Al otro lado de la calle, el edificio solemne de la Llotja.

Key Facts

PlacePorxos d'en Xifré: la fortuna de un indiano
AddressPasseig d'Isabel II 14, 08003 Barcelona, Spain
Geo Coordinates41.38160, 2.18460
Part of WalkPicasso en Barcelona: el Born, la Ribera y Santa Maria del Mar
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Estás bajo unos soportales neoclásicos de arcos amplios, y sobre ellos corre una fachada larga decorada con relieves: figuras del comercio, anclas, medallones con rostros de otra época. Al otro lado de la calle, el edificio solemne de la Llotja. En esta esquina entre el puerto y el Born empieza la historia de un muchacho de Málaga que llegó a Barcelona con trece años.

Pero antes, la historia de la casa. Los Porxos d'en Xifré se construyeron a partir de 1836 para Josep Xifré i Casas, un indiano: un catalán que había hecho fortuna en Cuba y en Nueva York y volvió rico a su ciudad. Quiso un edificio que lo contara todo sin palabras, y por eso en la fachada aparecen alegorías del comercio y la navegación, y medallones con navegantes y conquistadores ligados a América. Es un currículum de piedra, y un poco presumido.

Bajo estos mismos arcos abrió en 1836 un restaurante que todavía existe, uno de los más antiguos de la ciudad, famoso por sus arroces. Es fácil imaginar a los comerciantes del puerto saliendo de comer, a finales del siglo XIX, y cruzándose con un chico moreno de ojos enormes, con una carpeta de dibujos bajo el brazo, camino de clase.

Porque en septiembre de 1895 la familia Ruiz Picasso llegó a Barcelona y se instaló en las calles que hay entre el puerto y la Mercè, a un par de minutos de aquí. El padre, José Ruiz Blasco, era profesor de dibujo y había conseguido plaza en la escuela de Bellas Artes que funcionaba en la Llotja. Su hijo Pablo tenía trece años y todavía firmaba como Pablo Ruiz.

En este paseo vas a ver cómo aquel chico se convierte en Picasso, y cómo la Ribera, el barrio de los mercaderes y los marineros, se convirtió en uno de los grandes escenarios del arte de Barcelona. Nueve años de juventud, dos museos, un café, una calle con mala fama y una iglesia levantada por estibadores. Cruza la calle y ponte frente a la fachada de la Llotja.

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