Palau de Mar: los almacenes del puerto
Why is it significant?
Tienes delante un edificio larguísimo de ladrillo rojo, con arcadas abiertas al muelle y una fila de terrazas donde, a mediodía, huele a marisco a la plancha. Detrás de ti, los mástiles de los veleros del Port Vell tintinean con el viento.
Key Facts
| Place | Palau de Mar: los almacenes del puerto |
|---|---|
| Address | Plaça de Pau Vila 3, 08003 Barcelona, Spain |
| Geo Coordinates | 41.38080, 2.18600 |
| Part of Walk | La Barceloneta y el mar: pescadores, arroces y la bomba de Barcelona |
| Generated | Generated |
Tienes delante un edificio larguísimo de ladrillo rojo, con arcadas abiertas al muelle y una fila de terrazas donde, a mediodía, huele a marisco a la plancha. Detrás de ti, los mástiles de los veleros del Port Vell tintinean con el viento. Lo llaman Palau de Mar, palacio de mar... pero nació como almacén, y a mucha honra.
Hacia 1900, el puerto de Barcelona necesitaba dónde guardar todo lo que llegaba por agua, y aquí se levantaron los Magatzems Generals de Comerç, los almacenes generales de comercio. Sacos, barriles, fardos, cajas: la despensa entera de una ciudad que no paraba de crecer entraba por estas puertas, a hombros de estibadores. De aquella generación de grandes almacenes del muelle, este es el que ha llegado en pie hasta hoy.
Cuando la actividad del puerto se desplazó hacia el sur y los contenedores sustituyeron a los sacos, el edificio se quedó vacío y medio olvidado. La ciudad lo rescató con la gran transformación del frente marítimo que acompañó a los Juegos Olímpicos, y desde 1996 alberga el Museu d'Història de Catalunya. Desde su terraza, en lo más alto, se ve exactamente lo que vas a recorrer: un triángulo de calles que se mete en el mar.
Y aquí está la primera paradoja de este paseo: ese triángulo, la Barceloneta, no existía hace quinientos años. Cuando Barcelona empezó a construir el rompeolas de su puerto, en el siglo XV, la arena que arrastraban las corrientes se fue amontonando contra él, año tras año, hasta formar una lengua de playa nueva. Sobre ese banco de arena, regalado por el mar, acabaría naciendo un barrio entero... con su propia manera de cocinar, de hablar y de vivir en la calle.
Y nació de una herida, pero esa historia se cuenta mejor delante de su iglesia. De momento, quédate con el olor de las terrazas: en este barrio de pescadores, la cocina siempre ha empezado en el muelle. Camina hacia el interior de la Barceloneta, cruzando el Passeig de Joan de Borbó, hasta una plaza pequeña presidida por una iglesia barroca de piedra clara.