La Llotja: donde Picasso aprendió a dibujar
Why is it significant?
Tienes enfrente una fachada neoclásica, severa, con columnas y frontón, que parece un templo griego dedicado al dinero. Es la Llotja de Mar, la antigua lonja de los mercaderes de Barcelona. Pero detrás de esa cara del siglo XVIII se esconde algo mucho más antiguo.
Key Facts
| Place | La Llotja: donde Picasso aprendió a dibujar |
|---|---|
| Address | Passeig d'Isabel II 1, 08003 Barcelona, Spain |
| Geo Coordinates | 41.38230, 2.18260 |
| Part of Walk | Picasso en Barcelona: el Born, la Ribera y Santa Maria del Mar |
| Generated | Generated |
Tienes enfrente una fachada neoclásica, severa, con columnas y frontón, que parece un templo griego dedicado al dinero. Es la Llotja de Mar, la antigua lonja de los mercaderes de Barcelona. Pero detrás de esa cara del siglo XVIII se esconde algo mucho más antiguo.
Dentro está el Saló de Contractacions, una gran sala gótica del siglo XIV con arcos altísimos sobre columnas finísimas, donde los comerciantes cerraban tratos de telas, especias, trigo y seguros marítimos. Durante siglos, aquí latió el corazón económico de una ciudad que comerciaba con todo el Mediterráneo, y el edificio sigue siendo la sede de la Cambra de Comerç.
En 1775, los comerciantes fundaron en el piso de arriba una escuela gratuita de dibujo, para formar diseñadores para la industria textil, que entonces estampaba telas de algodón. Con el tiempo se convirtió en la escuela de Bellas Artes de la ciudad, conocida simplemente como la Llotja, y por sus aulas pasaron artistas como Joan Miró. Y en otoño de 1895 entró por esta puerta un alumno de trece años, hijo del nuevo profesor.
Cuenta la leyenda que el examen de ingreso, para el que otros aspirantes tenían un mes, Pablo lo resolvió en uno o dos días. Los historiadores discuten los detalles, pero los dibujos de aquellos años se conservan, y basta verlos: estudios de yesos clásicos y desnudos de una seguridad asombrosa, hechos por un adolescente. A Picasso se le atribuye la frase de que a esa edad ya dibujaba como Rafael, y que le llevó toda la vida aprender a dibujar como un niño.
Y se cuenta otra historia, más amarga: que el padre, viendo el talento del hijo, le entregó un día sus pinceles y dejó de pintar. Probablemente es una leyenda familiar, pero dice mucho de lo que se vivía en aquella casa. Sigue ahora hacia el oeste por Carrer Ample, entre fachadas de antiguos comerciantes, hasta la Basílica de la Mercè.