Portal del Regomir: la puerta de Barcino hacia el mar

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Entra en el patio de este viejo edificio, hoy un centro cívico, y busca tras los cristales unos sillares enormes y el arranque de un arco. A tu alrededor la gente se apunta a talleres y los niños corretean... y a un metro, en silencio, está una de las puertas de la Barcelona romana.

Key Facts

PlacePortal del Regomir: la puerta de Barcino hacia el mar
AddressCarrer del Regomir 3, 08002 Barcelona, Spain
Geo Coordinates41.38170, 2.17890
Part of WalkBarcelona bajo tus pies: el Barrio Gótico, el Call y dos mil años de Barcino
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Entra en el patio de este viejo edificio, hoy un centro cívico, y busca tras los cristales unos sillares enormes y el arranque de un arco. A tu alrededor la gente se apunta a talleres y los niños corretean... y a un metro, en silencio, está una de las puertas de la Barcelona romana.

Barcino tenía cuatro puertas, una en cada extremo de sus dos calles principales, y esta era la que daba al mar. Su nombre oficial era larguísimo, Colonia Iulia Augusta Faventia Paterna Barcino, pero todo el mundo la llamaba simplemente Barcino. Cuando se fundó la colonia, en tiempos de Augusto, la orilla quedaba mucho más cerca que hoy. Por esta puerta subían ánforas de vino, aceite y salazones desde las barcas. Barcino era pequeña, de apenas unas diez hectáreas, menos que muchos parques actuales, pero vivía mirando al Mediterráneo.

En el siglo III la calma se acabó. Pueblos germánicos cruzaron los Pirineos y saquearon ciudades de la provincia, y Barcino reaccionó como tantas otras: reforzó su muralla. La hizo más gruesa, más alta, y la llenó de torres, más de setenta según los arqueólogos. Aquel anillo de piedra protegió la ciudad durante siglos, mucho después de que Roma hubiera caído.

Lo increíble es que estas piedras pasaron siglos escondidas, incrustadas en casas, almacenes y palacios, hasta que las restauraciones y excavaciones del siglo XX volvieron a sacarlas a la luz. La muralla de Barcelona es una de las mejor conservadas del occidente romano precisamente porque la ciudad, en lugar de derribarla, se la fue comiendo: le apoyó casas encima, le abrió ventanas y la usó como pared maestra.

Ahora vas a recorrer la muralla desde fuera. Sigue hasta Carrer del Sotstinent Navarro, donde verás un largo lienzo con sus torres, y continúa por Via Laietana hacia el norte. Busca una plaza ajardinada con un jinete de bronce delante de la muralla.

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