Magere Brug: el Puente Flaco

Why is it significant?

Ahí lo tienes: un puente blanco de madera, con dos pares de brazos levadizos que se alzan sobre el Amstel como las alas de un pájaro dormido. Es la Magere Brug, el Puente Flaco, probablemente el puente más famoso de una ciudad que tiene más de mil quinientos.

Key Facts

PlaceMagere Brug: el Puente Flaco
AddressMagere Brug, Amstel, 1017 Amsterdam, Netherlands
Geo Coordinates52.36360, 4.90240
Part of WalkÁmsterdam con hambre: De Pijp, el mercado Albert Cuyp y el Amstel
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Ahí lo tienes: un puente blanco de madera, con dos pares de brazos levadizos que se alzan sobre el Amstel como las alas de un pájaro dormido. Es la Magere Brug, el Puente Flaco, probablemente el puente más famoso de una ciudad que tiene más de mil quinientos.

Sobre su nombre circulan dos versiones. La leyenda habla de dos hermanas apellidadas Mager que vivían en orillas opuestas del río y mandaron construir un puente para visitarse cada día sin dar la vuelta. La explicación más sencilla es que mager significa flaco, y el primer puente que hubo aquí, a finales del siglo XVII, era tan estrecho que apenas cabían dos personas cruzándose. Elige la versión que prefieras... los de Ámsterdam suelen contar las dos.

El puente se ha rehecho varias veces; el que pisas es de 1934, y sigue siendo de madera. Cuando un barco alto necesita pasar, el puente se abre por el centro y sus dos mitades se levantan, mientras ciclistas y peatones esperan pacientes a cada lado. Al caer la noche, cientos de bombillas dibujan su silueta sobre el agua, y entonces entiendes por qué sale en tantas películas y postales.

Detente en el centro y mira hacia el sur, por donde has venido. Allí quedan el hotel blanco, el puente de la Ceintuurbaan y, más atrás, invisibles, el mercado, los puestos de arenque y el parque del doctor Sarphati. Todo el barrio que has recorrido nació cuando la ciudad se atrevió a salir de sus canales.

Has empezado en una cervecería y terminas sobre un río que da nombre a otra. Por el camino has probado el mar en un arenque, el caramelo de Gouda y el eco de Indonesia y Surinam, y has visto cómo Ámsterdam pasó de amontonar a sus obreros a construirles castillos de ladrillo. Si todavía te queda hambre, el mercado sigue ahí. Buen provecho, y hasta pronto.

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