Rijksmuseum: el túnel de las bicicletas y La ronda de noche
Why is it significant?
Entra en el pasaje que atraviesa el Rijksmuseum por debajo y escucha: timbres de bicicleta, pasos, a veces un músico callejero que aprovecha la acústica de la bóveda. Encima de tu cabeza, a pocos metros, cuelga uno de los cuadros más famosos del mundo.
Key Facts
| Place | Rijksmuseum: el túnel de las bicicletas y La ronda de noche |
|---|---|
| Address | Museumstraat 1, 1071 XX Amsterdam, Netherlands |
| Geo Coordinates | 52.35980, 4.88520 |
| Part of Walk | Ámsterdam del arte: Rijksmuseum, Van Gogh, Museumplein y el Vondelpark |
| Generated | Generated |
Entra en el pasaje que atraviesa el Rijksmuseum por debajo y escucha: timbres de bicicleta, pasos, a veces un músico callejero que aprovecha la acústica de la bóveda. Encima de tu cabeza, a pocos metros, cuelga uno de los cuadros más famosos del mundo.
Este es probablemente el único gran museo nacional que se puede cruzar en bicicleta. Durante la renovación, que duró una década y terminó en 2013, los arquitectos sevillanos Antonio Cruz y Antonio Ortiz quisieron usar el pasaje como gran entrada para peatones. Los ciclistas de Ámsterdam se rebelaron, hubo campañas y votaciones... y ganaron. El museo lo diseñaron unos andaluces; el túnel, al final, lo decidieron las bicicletas.
El edificio es de Pierre Cuypers y se inauguró en 1885. A muchos protestantes les pareció demasiado católico, demasiado parecido a una catedral gótica, y se cuenta que el rey Guillermo III lo despreció como un convento. Cuypers, por cierto, diseñó también la Estación Central: las dos grandes puertas de la Ámsterdam del siglo XIX llevan su firma.
Arriba, al final de la Galería de Honor, está la estrella: La ronda de noche, pintada por Rembrandt en 1642. No es una escena nocturna; el barniz oscurecido le dio ese nombre mucho después. Es el retrato de una compañía de la milicia ciudadana del capitán Frans Banninck Cocq, de esas que habían defendido las ciudades rebeldes en la guerra contra España. Rembrandt rompió la costumbre: en lugar de alinear a los milicianos como en una foto de grupo, los pintó en movimiento, con un tambor, un perro que ladra y una niña iluminada en medio del tumulto. Y el lienzo está recortado: en 1715, para que cupiera en una pared del ayuntamiento, le quitaron tiras por los lados.
Ha sobrevivido a casi todo. Durante la Segunda Guerra Mundial se escondió enrollado en cuevas cerca de Maastricht, y en 1975 un hombre lo atacó con un cuchillo. Desde 2019 se estudia y restaura a la vista del público, dentro de una gran vitrina de cristal. Ahora sal del pasaje por el lado sur, hacia la explanada, y mira a la derecha: el siguiente museo está a un paso.