La escultura de Picasso en el Vondelpark
Why is it significant?
En una pradera del corazón del Vondelpark, entre árboles altos, se alza una gran escultura de hormigón gris con líneas grabadas: formas planas que se cruzan, como papel recortado y doblado. Rodéala despacio antes de decidir qué ves. Los amsterdameses la llaman simplemente de Vis, el pez.
Key Facts
| Place | La escultura de Picasso en el Vondelpark |
|---|---|
| Address | Vondelpark, 1071 AA Amsterdam, Netherlands |
| Geo Coordinates | 52.35750, 4.86800 |
| Part of Walk | Ámsterdam del arte: Rijksmuseum, Van Gogh, Museumplein y el Vondelpark |
| Generated | Generated |
En una pradera del corazón del Vondelpark, entre árboles altos, se alza una gran escultura de hormigón gris con líneas grabadas: formas planas que se cruzan, como papel recortado y doblado. Rodéala despacio antes de decidir qué ves. Los amsterdameses la llaman simplemente de Vis, el pez. Su autor se llamaba Pablo Picasso.
El título oficial es Figure découpée l'Oiseau, figura recortada, el pájaro. ¿Pájaro o pez? Depende del lado desde el que la mires, y ese juego seguramente habría divertido a Picasso. Llegó en 1965, cuando el parque cumplía cien años, y el pintor la regaló.
Picasso no la talló él mismo. Hizo un modelo, y el escultor noruego Carl Nesjar la llevó a gran escala con una técnica de hormigón y grava en la que el dibujo se graba con chorro de arena. Juntos firmaron varias obras monumentales en Europa y en América, y esta es una de las pocas que se pueden tocar en medio de un parque, con niños dando vueltas alrededor.
Piensa en el camino recorrido: un paseo que empezó con Rembrandt y con una milicia de la época de la guerra contra el rey de España termina ante la obra de un malagueño. Picasso, que en 1965 seguía negándose a volver a la España de Franco, regaló arte a medio mundo, pero nunca volvió a pisar su país. Murió en Francia en 1973, sin ver el final de la dictadura, y por su expreso deseo el Guernica no viajó a España hasta 1981, cuando el país ya era una democracia.
Siéntate un rato en la hierba. Alrededor, la vida del parque sigue: perros que corren, alguien que toca la guitarra, ciclistas que pasan sin mirar a Picasso, porque para ellos es simplemente el pez de siempre. Y más allá de los árboles, aunque no se vea, está toda esa ciudad de canales, museos y salas de conciertos que acabas de atravesar. Aquí termina el paseo.