Concertgebouw: la sala que suena sobre pilotes
Why is it significant?
Mira la fachada neoclásica del Concertgebouw, con sus columnas y su frontón, y sube la vista hasta el tejado: allí brilla una lira dorada. Si pasas cerca de la entrada de artistas, a veces se escapa algún compás de un ensayo, y la calle entera parece afinar.
Key Facts
| Place | Concertgebouw: la sala que suena sobre pilotes |
|---|---|
| Address | Concertgebouwplein 10, 1071 LN Amsterdam, Netherlands |
| Geo Coordinates | 52.35620, 4.87900 |
| Part of Walk | Ámsterdam del arte: Rijksmuseum, Van Gogh, Museumplein y el Vondelpark |
| Generated | Generated |
Mira la fachada neoclásica del Concertgebouw, con sus columnas y su frontón, y sube la vista hasta el tejado: allí brilla una lira dorada. Si pasas cerca de la entrada de artistas, a veces se escapa algún compás de un ensayo, y la calle entera parece afinar.
La sala se inauguró en 1888, obra del arquitecto Adolf Leonard van Gendt, y su acústica se cuenta entre las mejores del mundo, junto a la del Musikverein de Viena o la del Symphony Hall de Boston. Lo curioso es que en el siglo XIX la acústica era más intuición que ciencia. Van Gendt no tenía fórmulas ni simulaciones; tenía buen oído, madera, yeso y algo de suerte. Dentro, en la Gran Sala, los nombres de los grandes compositores rodean a los músicos, escritos en las paredes como una alineación de ilustres.
Como casi todo en Ámsterdam, el edificio descansa sobre pilotes de madera, más de dos mil. En los años ochenta se descubrió que se estaban pudriendo y que la sala se hundía. La solución fue una operación de cirugía mayor: sustituir los cimientos por pilotes de hormigón mientras el edificio seguía en pie, sin tocar la sala, para no perder ni una nota de su sonido.
Si algún día asistes a un concierto, fíjate en cómo entran el director y los solistas: no aparecen por un lateral, sino que bajan una larga escalera a la vista de todo el público, desde lo alto de la sala hasta el escenario. Se dice que muchos músicos la temen más que al propio concierto... sobre todo con un violín de valor incalculable en la mano.
Gustav Mahler dirigió aquí varias veces a comienzos del siglo XX y encontró en Ámsterdam uno de sus públicos más fieles, y la orquesta de la casa, la Real Orquesta del Concertgebouw, figura siempre entre las mejores del mundo. Ahora vuelve hacia la explanada y busca, a tu izquierda, un edificio blanco con algo que parece una bañera gigante: es el Stedelijk.