Milán moderno: Porta Nuova, el barrio Isola y el Bosco Verticale

De la plaza elevada de Gae Aulenti a los árboles que suben por un rascacielos, del barrio obrero de Isola al Pirellone de Gio Ponti y la Estación Central: la arquitectura que reinventó Milán

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  1. 1. Fondazione Giangiacomo Feltrinelli

    Viale Pasubio 5, 20154 Milano MI, Italy

    Colócate frente al edificio largo y estrecho de vidrio y hormigón, con su tejado a dos aguas hecho de una retícula repetida una y otra vez, como una costilla infinita. Es la sede de la Fundación Giangiacomo Feltrinelli, y es el mejor portal para entrar en el Milán del siglo XXI.

    Lo firmaron los suizos Herzog & de Meuron, los arquitectos de la Tate Modern de Londres, y se inauguró en 2016. Su forma tiene dos inspiraciones muy milanesas. Por un lado, las cascine, las largas granjas de la llanura lombarda con sus tejados inclinados. Por otro, la línea de las murallas españolas que pasaba justo por aquí, en Porta Volta: el edificio sigue el trazado de aquel muro desaparecido, como si lo recordara en cristal.

    La fundación nació después de la Segunda Guerra Mundial alrededor de una biblioteca dedicada a la historia del movimiento obrero, reunida por Giangiacomo Feltrinelli, heredero de una enorme fortuna familiar. Feltrinelli fue también un editor audaz: en 1957 su editorial publicó por primera vez en el mundo Doctor Zhivago, de Borís Pasternak, una novela que no podía salir en la Unión Soviética. Al año siguiente lanzó El gatopardo de Giuseppe Tomasi di Lampedusa, que otros editores habían rechazado. Dos apuestas, dos clásicos.

    Su vida terminó de forma trágica en 1972, en plena época de tensiones políticas, y su figura sigue discutida. Pero el archivo que dejó, con documentos, panfletos y cartas de la historia social europea, es hoy uno de los más importantes del continente, y este edificio lo hace visible desde la calle.

    Fíjate en que hay dos bloques gemelos, separados por un espacio verde: uno es la fundación y el otro aloja oficinas. Al mirar la transparencia de las fachadas, entiendes el mensaje: la cultura no se esconde, se enseña. Ahora camina hacia el este por Viale Pasubio. En pocos minutos verás un arco neoclásico solitario en medio de una plaza: ahí empieza Porta Nuova.

  2. 2. Porta Garibaldi y Corso Como

    Piazza XXV Aprile, 20121 Milano MI, Italy

    Ponte en el centro de Piazza XXV Aprile, delante del arco de piedra clara con sus columnas, y mira a través de él hacia el norte: detrás asoman las torres de cristal de Porta Nuova. En una sola mirada tienes dos siglos de Milán.

    El arco lo diseñó el arquitecto Giacomo Moraglia y se levantó entre 1826 y 1828, cuando Milán era austriaca. Por aquí salía el camino hacia el lago de Como, y por eso la puerta se llamó durante años Porta Comasina. Después de 1859, cuando Garibaldi y la guerra de independencia cambiaron el mapa de Italia, la ciudad le dio su nombre actual: Porta Garibaldi.

    La plaza también tiene un nombre cargado de historia. El 25 de abril es el día de la Liberación, la fecha de 1945 en que los partisanos llamaron a la insurrección contra la ocupación alemana y la República Social fascista en el norte de Italia. Milán se liberó en esos días, y casi todas las ciudades italianas tienen una plaza o una calle con esta fecha.

    Ahora mira la calle que sale hacia el norte: es Corso Como, peatonal, con terrazas, galerías y locales nocturnos. Durante décadas fue una calle de paso junto a una zona de vías y almacenes, más bien gris. En los años noventa empezó a llenarse de moda, diseño y vida nocturna, y hoy es la alfombra roja que lleva de la vieja ciudad a los rascacielos. Fíjate en los portales: muchos esconden patios con galerías de hierro, las típicas case di ringhiera, las casas de balcón corrido donde vivían los obreros.

    Este es el contraste que vas a encontrar en todo el paseo: casas populares de dos o tres pisos a la sombra de torres de doscientos metros. Milán no derribó su pasado para construir el futuro, lo dejó al lado... a veces con cierta incomodidad. Recorre Corso Como hasta el final y sube por las escaleras mecánicas que tendrás delante. Arriba te espera una plaza que flota sobre la ciudad.

  3. 3. Piazza Gae Aulenti y Torre UniCredit

    Piazza Gae Aulenti, 20124 Milano MI, Italy

    Estás en una plaza circular suspendida unos metros por encima de las calles, rodeada de fuentes a ras de suelo, y a tu lado se levanta una torre de vidrio curvado rematada por una aguja finísima. Es la Torre UniCredit, y con su aguja es el edificio más alto de Italia.

    Todo esto lo diseñó el arquitecto argentino César Pelli, el autor de las Torres Petronas de Kuala Lumpur. La torre mide unos 231 metros contando la aguja, y la plaza se inauguró a finales de 2012. Se le dio el nombre de Gae Aulenti, una de las grandes arquitectas italianas del siglo XX, la mujer que transformó una estación de tren en el Museo de Orsay de París. Murió precisamente en 2012, poco antes de que la plaza recibiera su nombre.

    Lo que casi nadie sabe es qué había aquí antes. Durante décadas esta zona fue una herida en el mapa: vías muertas, solares vacíos y, en el área de las Varesine, un parque de atracciones con norias y autos de choque que muchos milaneses recuerdan de su infancia. La antigua estación de las Varesine se cerró en los años sesenta, y durante casi medio siglo nadie supo qué hacer con este vacío en pleno centro.

    El proyecto de Porta Nuova lo llenó en pocos años, entre la crisis de 2008 y la Expo de Milán de 2015. Fíjate en la aguja de la torre: de noche se ilumina, y en ocasiones especiales cambia de color. Y mira alrededor de la plaza: está pensada para no tener coches, con pasarelas que la conectan con Corso Como, con el barrio Isola y con los jardines. Por primera vez en mucho tiempo, Milán construyó una plaza para quedarse, no solo para pasar.

    Hay quien dice que parece Manhattan, hay quien dice que parece Dubái. Pero si te sientas en el borde de una fuente y miras a los niños mojándose los pies, verás que se parece sobre todo a Milán, con prisa y con estilo. Ahora baja hacia el este por las pasarelas, hacia el gran parque que se abre entre las torres.

  4. 4. Biblioteca degli Alberi (BAM)

    Via Gaetano de Castillia, 20124 Milano MI, Italy

    Camina por uno de los senderos rectos que cortan el césped en diagonal y fíjate en los grupos de árboles plantados en círculo, como pequeños bosques aislados. Estás en la Biblioteca degli Alberi, la Biblioteca de los Árboles, y alrededor tienes los rascacielos que acabas de ver desde la plaza.

    El nombre no es una metáfora vacía. El parque se concibió como un jardín botánico urbano, donde las especies están organizadas y presentadas como los libros de una biblioteca, para que los milaneses aprendan a reconocer árboles, arbustos y flores. Lo diseñó el estudio neerlandés Inside Outside, de Petra Blaisse, y se abrió al público en 2018, después de décadas en las que este terreno fue un solar vacío.

    Mira el dibujo general: los caminos forman una red geométrica, casi como las líneas de un mapa, y por encima de esa red se extienden manchas irregulares de prado, flores y bosque. Lo racional y lo salvaje superpuestos, que es justo la idea del proyecto: una ciudad ordenada que deja espacio a la naturaleza para crecer a su manera. En primavera el parque cambia cada semana, y en otoño los círculos de árboles se encienden de amarillo y rojo contra el vidrio azul de las torres.

    Es además uno de los primeros grandes parques de Milán gestionados en colaboración con privados, a través de una fundación, lo cual abrió un debate muy milanés: ¿un parque público debe depender de los mismos promotores que levantaron los rascacielos? Mientras tanto, los vecinos lo han adoptado: corredores al amanecer, picnics al mediodía, yoga en grupo los domingos y conciertos al aire libre en verano.

    Si miras hacia el noroeste, verás dos torres que parecen cubiertas de pelo verde... son el destino siguiente, y la imagen más famosa del Milán contemporáneo. Cruza el parque en esa dirección hasta Via Gaetano de Castillia y ponte bajo los árboles que crecen a cien metros del suelo.

  5. 5. Bosco Verticale

    Via Gaetano de Castillia 11, 20124 Milano MI, Italy

    Echa la cabeza hacia atrás y sigue con los ojos los balcones escalonados de las dos torres: en cada uno crecen árboles de verdad, con sus troncos, sus ramas y sus hojas moviéndose con el viento. Es el Bosco Verticale, el Bosque Vertical, y probablemente el edificio más fotografiado del Milán contemporáneo.

    Lo proyectó el estudio de Stefano Boeri, y las dos torres se terminaron en 2014. La más alta supera los cien metros y la otra ronda los ochenta, y entre las dos sostienen cerca de ochocientos árboles, además de miles de arbustos y plantas. Boeri ha contado que una de sus inspiraciones fue El barón rampante de Italo Calvino, la novela del chico que decide subir a los árboles y no volver a bajar nunca.

    Fíjate en cómo los balcones no están alineados, sino que sobresalen alternados, para que cada árbol tenga espacio y luz. Las macetas son enormes jardineras de hormigón, y el riego llega de forma automática. Antes de plantarlos, los árboles se cultivaron durante años en un vivero, para acostumbrarlos a crecer en esas condiciones, y se estudió su resistencia al viento en un túnel aerodinámico.

    Y ahora el detalle más espectacular: la poda. Una o varias veces al año, unos jardineros especializados, que en Milán llaman los jardineros voladores, bajan colgados de cuerdas desde la azotea, como escaladores, para cortar ramas y revisar cada árbol. Si te toca verlo, es un espectáculo. En 2014 el edificio ganó el International Highrise Award, uno de los premios más prestigiosos de rascacielos del mundo.

    Claro que también tiene sus críticos: son pisos de lujo, y hay quien ve en el Bosque Vertical un símbolo de cómo el verde se ha vuelto un privilegio. Esa tensión entre renovación y desigualdad se nota todavía más en el barrio que tienes justo detrás. Cruza por la pasarela o por la calle hacia el norte, entra en Via Pietro Borsieri y sigue hasta Piazzale Segrino: bienvenido a Isola.

  6. 6. Isola: Via Borsieri y Piazzale Segrino

    Piazzale Segrino, 20159 Milano MI, Italy

    Mira a tu alrededor en Piazzale Segrino: edificios de cuatro o cinco pisos, bares con mesas en la acera, bicicletas atadas a las farolas y, a lo lejos, por encima de los tejados, las torres de cristal que acabas de dejar atrás. Estás en Isola, que en italiano significa isla, y aquí el Milán moderno se vuelve de pronto barrio.

    El nombre no es poético, es ferroviario. En la segunda mitad del siglo XIX, las nuevas líneas de tren que salían hacia el norte rodearon esta zona y la separaron del resto de la ciudad. Para llegar al centro había que cruzar puentes y pasos a nivel, y los milaneses empezaron a llamarla la isla. Aquí se instalaron fábricas, talleres y miles de familias obreras, en las casas de balcón corrido que todavía ves en muchos patios.

    Isola fue un barrio duro, orgulloso y muy político. Durante la ocupación alemana, entre 1943 y 1945, de estas calles salieron muchos partisanos, y en algunas fachadas verás placas con nombres de vecinos caídos en la Resistencia. Lee alguna mientras caminas: son nombres de obreros, de chicos de veinte años.

    Luego llegó Porta Nuova, y con ella la gran pregunta. En 2007 se derribó la Stecca degli Artigiani, un viejo edificio industrial ocupado por talleres y asociaciones del barrio, para hacer sitio a los nuevos proyectos. Hubo protestas, y todavía hoy Isola discute sobre los alquileres que suben y los vecinos de siempre que se van. Aun así, Via Borsieri conserva sus tiendas pequeñas, sus librerías y sus bares de toda la vida, y en 2014 llegó la línea lila del metro con una estación propia.

    Si te sobra un minuto, unos pasos más al norte está Santa Maria alla Fontana, un santuario de principios del siglo XVI levantado sobre un manantial que se creía milagroso. Ahora vuelve hacia el sur por Via Borsieri y gira hacia Via Federico Confalonieri. Allí verás un edificio de ladrillo cuyas paredes, si las miras de lejos, son en realidad retratos.

  7. 7. Casa della Memoria

    Via Federico Confalonieri 14, 20124 Milano MI, Italy

    Aléjate unos pasos del edificio de ladrillo rojo y oscuro, con su forma de caja sencilla, y fíjate bien en las paredes. Los ladrillos no son todos iguales: forman imágenes, como un mosaico gigante, y poco a poco aparecen rostros y escenas.

    Es la Casa della Memoria, la Casa de la Memoria, inaugurada en 2015 y proyectada por el estudio italiano Baukuh. La fachada está hecha con ladrillos de distintos tonos que componen imágenes de la historia de Milán en el siglo XX. Es una idea sencilla y potente: el material más humilde de la construcción lombarda se usa para dibujar la memoria colectiva, igual que en las viejas fábricas del barrio.

    Dentro no hay un museo, sino algo más vivo. Aquí tienen su sede las asociaciones que guardan algunos de los recuerdos más dolorosos de la ciudad: la de los partisanos, la de los deportados a los campos nazis, un instituto de historia de la Resistencia, y las asociaciones de víctimas del terrorismo, entre ellas la que recuerda la bomba de Piazza Fontana del 12 de diciembre de 1969, que mató a diecisiete personas en un banco del centro.

    Fíjate en el contraste del lugar. A pocos metros tienes el Bosco Verticale, los pisos de lujo y la plaza brillante de Gae Aulenti, y en medio de todo eso Milán decidió colocar un edificio dedicado a no olvidar. Es casi una declaración: la ciudad nueva no puede crecer sin recordar la vieja. En sus salas se organizan exposiciones, encuentros con escuelas y archivos abiertos al público.

    Además, el edificio se diseñó para dialogar con los rascacielos sin imitarlos: bajo, compacto, sin vidrio brillante, con la seriedad de un almacén. Y precisamente por eso se nota. Ahora vuelve hacia el este, cruza Via Melchiorre Gioia y camina hacia la gran torre de vidrio de formas curvas que domina el horizonte: es la sede del gobierno de Lombardía.

  8. 8. Palazzo Lombardia y Torre Diamante

    Piazza Città di Lombardia 1, 20124 Milano MI, Italy

    Entra bajo la gran cubierta transparente de Piazza Città di Lombardia y mira hacia arriba: las alas curvas del edificio se entrelazan como cintas, y entre ellas se levanta una torre de vidrio de más de ciento sesenta metros. Es el Palazzo Lombardia, la sede del gobierno de la región.

    Lo proyectó el estudio estadounidense Pei Cobb Freed, fundado por I. M. Pei, el autor de la pirámide del Louvre, junto con arquitectos italianos. La torre se completó en 2010 y, durante un breve tiempo, fue el edificio más alto de Italia, hasta que la Torre UniCredit la superó. Las formas curvas de los bloques bajos evocan, según sus autores, los valles y los ríos de Lombardía, y la plaza cubierta funciona como un salón público para conciertos y ferias.

    Y ahora un secreto milanés que verás repetido. Durante siglos hubo una regla no escrita: ningún edificio de la ciudad debía superar a la Madonnina, la estatua dorada de la Virgen que corona la aguja más alta del Duomo. Cuando los rascacielos rompieron esa regla, encontraron una solución muy diplomática: colocar en la azotea una copia de la Madonnina, para que la Virgen siguiera estando siempre en el punto más alto. Este edificio también tiene la suya.

    Si miras hacia el sur, más allá de Via Melchiorre Gioia, verás una torre facetada, como una piedra tallada: es la Torre Diamante, de unos ciento cuarenta metros, diseñada por el estudio Kohn Pedersen Fox. Se presenta como el edificio con estructura de acero más alto de Italia, y sus caras inclinadas reflejan la luz de forma distinta a cada hora del día.

    Antes de 2010, el gobierno regional trabajaba en otro rascacielos, mucho más famoso y mucho más elegante, que está a un paseo de aquí. Sal por el lado este de la plaza, sigue por Via Melchiorre Gioia o por las calles hacia la estación, y busca una lámina de vidrio fina como una hoja de papel. Es el Pirellone.

  9. 9. Grattacielo Pirelli (Pirellone)

    Via Fabio Filzi 22, 20124 Milano MI, Italy

    Ponte de lado respecto a la torre y mira lo delgada que es: vista de perfil parece una cuchilla, y de frente una gran lámina de vidrio y aluminio con los extremos afilados. Es el Grattacielo Pirelli, al que todo Milán llama con cariño el Pirellone.

    Lo diseñó Gio Ponti, uno de los grandes del diseño italiano, junto con el ingeniero Pier Luigi Nervi, que calculó su estructura de hormigón. Se terminó en 1960 para la empresa de neumáticos Pirelli, justo en el lugar donde la compañía había abierto su primera fábrica en el siglo XIX. Con sus ciento veintisiete metros fue durante décadas el edificio más alto de Italia y un símbolo del milagro económico de los años cincuenta y sesenta.

    Ponti tenía una idea fija: la forma debía ser finita, cerrada, imposible de alargar ni de cortar, como un objeto perfecto. Por eso la planta tiene forma de diamante alargado y los extremos se estrechan. En esos mismos años otro rascacielos milanés, la Torre Velasca del estudio BBPR, terminada en 1958, respondía de forma opuesta, con un perfil que recuerda a una torre medieval. Entre los dos definieron el Milán moderno.

    En 1978 la región de Lombardía compró el edificio y lo convirtió en su sede. El 18 de abril de 2002 una avioneta se estrelló contra el piso veintiséis, y murieron el piloto y dos empleadas de la región. En el primer momento todos pensaron en Nueva York, pero la investigación concluyó que fue un accidente. El edificio se restauró, y la planta afectada se dedicó a la memoria.

    Y sí, en lo alto del Pirellone también hay una pequeña Madonnina: cuando se terminó superaba en altura a la del Duomo, y había que respetar la tradición. Hoy acoge el consejo regional. Ahora cruza la gran plaza que tienes delante, Piazza Duca d'Aosta, hacia el edificio de piedra más monumental de la ciudad.

  10. 10. Stazione Centrale

    Piazza Duca d'Aosta 1, 20124 Milano MI, Italy

    Quédate en medio de Piazza Duca d'Aosta y deja que la fachada te aplaste un poco: piedra clara, columnas gigantescas, caballos alados, águilas y medallones, a lo largo de unos doscientos metros. Es la Stazione Centrale de Milán, y nadie puede decir que pasa desapercibida.

    El proyecto lo ganó el arquitecto Ulisse Stacchini en un concurso de 1912, inspirándose, se dice, en la estación de Washington. Pero llegó la Primera Guerra Mundial, las obras se pararon, y cuando se retomaron en los años veinte el fascismo quiso convertirla en un escaparate de poder. Se inauguró en 1931, más grande, más pesada y más decorada que en el primer dibujo. El estilo no tiene nombre: hay quien lo llama asirio-babilónico, otros simplemente estilo Mussolini.

    Si entras al vestíbulo y subes hacia los andenes, verás la otra mitad de la estación: enormes marquesinas de hierro y cristal que cubren las vías como las naves de una catedral industrial. Es uno de los espacios más impresionantes de Italia, y durante décadas fue la puerta de entrada a Milán para millones de emigrantes del sur, que llegaban con maletas de cartón a trabajar en las fábricas del norte.

    Mira con atención la fachada: hay huecos y relieves borrados. Después de la guerra se quitaron o se rasparon muchos de los símbolos del régimen, los fasces, de modo que aún hoy la piedra conserva las cicatrices de aquella limpieza. Es un edificio que lleva la historia de Italia literalmente escrita en sus paredes.

    Pero la página más oscura de esta estación no está a la vista, sino debajo. En el lado este, bajo las vías, existe un andén que durante años sirvió para cargar los vagones del correo. Entre 1943 y 1945 fue usado para algo muy diferente. Rodea la estación por la derecha, por Via Ferrante Aporti, hasta Piazza Edmond Jacob Safra. Allí termina este paseo.

  11. 11. Memoriale della Shoah, Binario 21

    Piazza Edmond Jacob Safra 1, 20125 Milano MI, Italy

    Detente ante la entrada del Memoriale della Shoah y lee la palabra que domina el muro, en letras enormes: Indifferenza, indiferencia. Es lo primero que encuentra quien llega aquí, y no es casual.

    Bajo la Estación Central había un andén de servicio, el Binario 21, usado para cargar los vagones del correo. Entre diciembre de 1943 y 1945, durante la ocupación alemana y la República Social fascista, desde este lugar escondido fueron deportados judíos y presos políticos. Los llevaban desde la cárcel de San Vittore, los encerraban en vagones de mercancías y, con un elevador, subían los vagones hasta el nivel de las vías. Los trenes iban hacia Auschwitz-Birkenau, Mauthausen y otros campos. La gran mayoría no volvió.

    Una de las deportadas fue una niña milanesa de trece años, Liliana Segre. Salió de aquí el 30 de enero de 1944 con su padre, en un convoy con cientos de personas, y de aquel tren solo regresó una veintena. Ella sobrevivió a Auschwitz, y durante décadas dedicó su vida a contar lo que había pasado a los estudiantes. En 2018 fue nombrada senadora vitalicia de la República Italiana. Fue ella quien quiso esa palabra en la entrada: la indiferencia, dice, hizo posible todo lo demás.

    El memorial se abrió en 2013, en los mismos espacios, con los vagones de la época todavía sobre los raíles y un muro con los nombres de los deportados. Hay también un lugar de reflexión, un espacio vacío y silencioso. Arriba, a pocos metros, los trenes de alta velocidad siguen llegando y saliendo, con sus anuncios y sus prisas, y esa cercanía es parte del mensaje.

    Así termina este paseo por el Milán moderno. Has visto una ciudad que construye árboles en el cielo, plazas suspendidas y torres de cristal, y que al mismo tiempo guarda con cuidado sus heridas, en la Casa de la Memoria y aquí, bajo los raíles. Tómate el tiempo que necesites. La Estación Central y el metro están a pocos pasos, cuando quieras volver a la ciudad.