Paseo del Lago de Ginebra: Jet d'Eau, Reloj de Flores y Bains des Pâquis
De la rosaleda de La Grange y el puerto a la Pont du Mont-Blanc y los baños de Pâquis
Geneva · 12 stops · 28 min audio · Generated
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1. Parque La Grange y Villa La Grange
Avenue William-Favre 19, 1207 Ginebra, Suiza
Cruce la señorial verja de hierro forjado custodiada por dos leones de piedra esculpida para penetrar en las avenidas arboladas del Parque La Grange. Con una extensión que supera las veinte hectáreas en suave pendiente hacia las aguas del lago Lemán, esta magnífica propiedad constituye el parque municipal más vasto y aristocrático de la ciudad. En lo alto de la colina se alza la Villa La Grange, una majestuosa mansión patricia construida entre 1768 y 1773 para la influyente dinastía bancaria Lullin en el estilo de la arquitectura campestre francesa de la Ilustración.
Descienda hacia la famosa rosaleda escalonada en terrazas, donde cada verano florecen más de diez mil rosales pertenecientes a centenares de variedades selectas de todo el mundo. Desde 1947, este jardín botánico acoge el prestigioso Concurso Internacional de Rosas Nuevas de Ginebra, que reúne a horticultores bajo el dosel umbroso de cedros del Líbano bicentenarios, hayas púrpuras y robles colosales.
La propiedad completa fue donada en 1918 a la Ciudad de Ginebra por su último propietario privado, el erudito y filántropo William Favre, con la estricta condición jurídica de que permaneciera abierta y gratuita para siempre a todos los ciudadanos. En los salones de roble de la villa tuvo lugar en 1864 la cena de gala que clausuró la primera Convención de Ginebra, y en junio de 2021 acogió la cumbre diplomática bilateral entre los presidentes de Estados Unidos y Rusia.
Desde las praderas de césped ondulado se disfruta de una vista panorámica despejada del lago, surcado por elegantes veleros blancos y cisnes que navegan sin prisa. En el escenario al aire libre Ella Fitzgerald, las familias ginebrinas asisten a conciertos veraniegos gratuitos bajo las estrellas. Este parque combina una rica historia diplomática con una deslumbrante belleza hortícola en pleno corazón ginebrino.
Descienda por los senderos inferiores hacia el Quai Gustave-Ador para explorar la concurrida orilla de Baby-Plage.
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2. Baby-Plage y Puerto de Eaux-Vives
Quai Gustave-Ador 58, 1207 Ginebra, Suiza
Aspire la refrescante brisa alpina en la orilla de Baby-Plage, donde suaves cantos rodados y lenguas de arena fina se encuentran con las aguas transparentes del lago Lemán. Acondicionada a comienzos del siglo veinte para brindar a las familias trabajadoras un acceso libre y gratuito a los baños lacustres, esta acogedora ribera está sombreada por enormes plátanos de sombra. Alrededor se extiende el pintoresco Port des Eaux-Vives, en cuyos pantalanes de madera descansan centenares de yates a vela y embarcaciones clásicas de madera.
Fíjese en los columpios gigantes fabricados con enormes neumáticos reciclados de tractor, que desde hace generaciones constituyen una estampa lúdica inconfundible de esta ribera familiar. Justo al lado se abre la moderna playa pública de Eaux-Vives, un extenso arenal inaugurado en 2019 que reconfiguró el frente lacustre respetando cañaverales ecológicos protegidos donde anidan somormujos lavancos y fochas comunes.
El paseo ribereño lleva el nombre de Gustave Ador, eminente estadista suizo que presidió tanto la Confederación Helvética como el Comité Internacional de la Cruz Roja durante los difíciles años de la Primera Guerra Mundial. Su prestigio diplomático fue decisivo para que Ginebra fuera elegida en 1919 como sede mundial permanente de la recién fundada Sociedad de Naciones.
A través del espejo de agua se contempla una vista magnífica de la ribera opuesta de Pâquis y las estribaciones azuladas del macizo del Jura en la lejanía. Gaviotas reidoras planean sobre el oleaje mientras los tradicionales barcos de vela latina cruzan majestuosamente la ensenada recortando sus siluetas contra las nubes. El animado muelle congrega a paseantes, ciclistas y deportistas que disfrutan del sol, la tertulia al aire libre y la energía revitalizante del lago alpino en cualquier época del año.
Camine hacia el oeste por el Quai Gustave-Ador para aproximarse a la atronadora columna del Jet d'Eau.
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3. Jet d'Eau y Espigón de Eaux-Vives
Jetée des Eaux-Vives, 1207 Ginebra, Suiza
Avanzar por el estrecho espigón de piedra de la Jetée des Eaux-Vives permite experimentar el sobrecogedor rugido del Jet d'Eau, el supremo símbolo cívico de Ginebra. Impulsada hacia el cielo desde una tobera especial a doscientos kilómetros por hora, esta descomunal columna de agua blanca alcanza una altitud de ciento cuarenta metros sobre la superficie del lago. En cualquier instante dado, cerca de siete toneladas de agua pulverizada flotan suspendidas entre las aguas turquesas del lago y el cielo alpino.
Este afamado monumento no nació como una obra de arte, sino como una ingeniosa válvula de seguridad técnica. En 1886, la central hidráulica municipal de Coulouvrenière bombeaba agua a presión para accionar las máquinas de los relojeros y joyeros de la ciudad; cada atardecer, cuando los talleres cerraban sus llaves de paso, el exceso de presión acumulado debía liberarse verticalmente mediante una válvula que alcanzaba treinta metros.
Las autoridades municipales comprobaron con asombro que la columna de agua se convertía en una atracción fascinante para vecinos y turistas. En 1891, con motivo de los seiscientos años de la Confederación, la ciudad trasladó el surtidor al corazón de la bahía y en 1951 instaló una estación de bombeo independiente con dos potentes motores de mil kilovatios. Operarios municipales monitorizan continuamente la fuerza del viento para detener las bombas si las rachas amenazan a los barcos de pasajeros.
En días soleados, la pulverización que el viento arrastra sobre la bahía crea deslumbrantes arcoíris que contrastan con las cumbres alpinas. Durante la noche, potentes focos iluminan el chorro con colores conmemorativos de causas humanitarias mundiales. La fresca llovizna que envuelve a los visitantes en el muelle de madera regala una experiencia sensorial inolvidable en contacto con el poder del agua.
Regrese por el espigón a tierra firme y camine hacia el Jardín Inglés para contemplar el Monumento Nacional.
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4. Monumento Nacional y Jardín Inglés
Jardin Anglais, 1204 Ginebra, Suiza
Entre en los senderos arbolados del Jardín Inglés para colocarse ante el solemne conjunto broncíneo del Monumento Nacional de Ginebra. Sobre un pedestal de granito alpino se alzan dos figuras femeninas colosales que se abrazan fraternalmente: la indómita Helvetia, personificación de la Confederación Suiza armada con escudo y lanza, y la República de Ginebra, coronada con almenas murales y portando el blasón de la ciudad. Obra cumbre de 1869 del escultor Robert Dorer, el monumento conmemora la unión de Ginebra como vigésimo segundo cantón suizo el doce de septiembre de 1814.
Observe la resolución serena y firme de las miradas de ambas heroínas orientadas hacia el norte sobre las aguas del lago. Antes de 1814, Ginebra había sido una república independiente que padeció dieciséis años de anexión francesa bajo Napoleón; la llegada salvadora de los contingentes de tropas suizas al puerto de Port-Noir selló el destino libre y federal de la patria ginebrina.
El propio Jardín Inglés fue ganado al lago a partir de 1854 mediante rellenos de tierra cuando se derribaron los baluartes lacustres. Diseñado según el paisajismo romántico inglés con senderos curvos y sauces llorones, el jardín acogió una fuente monumental de hierro fundido presentada con gran éxito en la Exposición Universal de París.
Castaños de Indias centenarios filtran los rayos solares sobre los bancos donde los viandantes admiran las maniobras de los históricos barcos de vapor de paletas de la naviera CGN. En el quiosco de música de hierro calado, agrupaciones corales e instrumentales amenizan las tardes festivas con repertorios tradicionales de los valles helvéticos. El parque constituye un enclave cívico entrañable donde la identidad patriótica convive en armonía con el solaz ribereño y la serenidad de las aguas.
Camine unos pasos al oeste dentro del parque para situarse ante el Reloj de Flores.
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5. Reloj de Flores de Ginebra (L'Horloge Fleurie)
Quai du Général-Guisan 28, 1204 Ginebra, Suiza
Admire el derroche cromático y la asombrosa exactitud del Reloj de Flores de Ginebra, recostado sobre una suave loma ajardinada en el extremo occidental del Jardín Inglés. Creado en 1955 como homenaje permanente a la secular excelencia relojera ginebrina, este tapiz vegetal vivo está compuesto por más de seis mil quinientas flores y plantas ornamentales seleccionadas con mimo. Su esfera circular posee un diámetro de cinco metros y los jardineros municipales renuevan por completo su diseño floral cuatro veces al año según las estaciones.
Mire el gran segundero de latón que barre la esfera vegetal: con dos metros y medio de longitud, ostenta el récord de ser el segundero de reloj más largo de todo el planeta. Oculto bajo el manto de tierra y raíces descansa un mecanismo suizo de alta precisión, sincronizado vía satélite con la señal de tiempo atómico helvética, que desplaza las manecillas con rigurosa exactitud.
La disposición botánica del reloj no solo persigue una estética armónica, sino que entronca con la fascinante teoría botánica concebida en el siglo dieciocho por Carl von Linné sobre los ciclos circadianos florales. Los horticultores emplean especies como pensamientos, begonias semperflorens y suculentas que abren o repliegan sus pétalos con la luz solar, convirtiendo la obra en un prodigio botánico viviente.
Miles de visitantes de todos los continentes se detienen a diario ante la barandilla de piedra para fotografiar este brillante tributo a la precisión helvética y el arte de la jardinería. El constante fluir del tiempo se traduce aquí en una celebración visual de hojas y pétalos que conmueve a quien lo contempla. Es uno de los monumentos más admirados y fotografiados de toda Suiza.
Camine hacia el norte hasta la Pont du Mont-Blanc y cruce la pasarela hacia la romántica Île Rousseau.
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6. Pont du Mont-Blanc e Île Rousseau
Pont du Mont-Blanc, 1204 Ginebra, Suiza
Atraviese la Pont du Mont-Blanc, la principal vía de comunicación y paseo peatonal que enlaza las dos riberas del lago Lemán. Construida originalmente en 1862 y ensanchada en 1903 para adaptarse al tráfico moderno, esta estructura de doscientos cincuenta metros de longitud cruza exactamente el umbral donde las aguas serenas del lago se convierten en la impetuosa corriente fluvial del río Ródano. En jornadas festivas, el puente se engalana con las banderas multicolores de los veintiséis cantones helvéticos ondeando con gallardía.
A mitad de recorrido, tome la pasarela lateral que conduce a la Île Rousseau, un frondoso islote fluvial poblado de álamos plateados. Antiguo bastión militar artillado para defender el puerto lacustre, el islote fue transformado en 1834 en un espacio público de homenaje cívico al hijo más universal de Ginebra: el filósofo Jean-Jacques Rousseau, cuya estatua de bronce esculpida por James Pradier domina el centro del jardín.
Rousseau aparece sentado en actitud reflexiva, con pluma y manuscrito en mano, contemplando las aguas en fuga. Sus obras capitales sobre el contrato social y la libertad fueron quemadas públicamente frente al ayuntamiento en 1762 por orden de la oligarquía patricia, antes de que las generaciones posteriores rehabilitaran su memoria con honores cívicos perpetuos.
En días despejados, el puente brinda una panorámica alpina memorable: más allá del agua brillante de la rada, la cúpula blanca y glaciar del Mont Blanc se alza deslumbrante en la lejanía. Los cisnes vulgares nadan apaciblemente al abrigo de los sauces de la isla mientras bajo sus pies el torrente turquesa del Ródano se precipita con vigor hacia el mar. Es la frontera viva entre el lago y el gran río europeo.
Continúe hacia la orilla derecha y avance por el Quai du Mont-Blanc hacia el ostentoso Monumento a Brunswick.
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7. Monumento a Brunswick en Quai du Mont-Blanc
Quai du Mont-Blanc, 1201 Ginebra, Suiza
Deténgase ante las esbeltas agujas góticas del Monumento a Brunswick, erigido en el Jardín de los Alpes junto al Quai du Mont-Blanc frente al lago. Este singular cenotafio neogótico de mármol blanco fue levantado entre 1873 y 1879 por el arquitecto ginebrino Jean Franel para honrar al duque Carlos II de Brunswick. Expulsado de su ducado alemán tras una revolución popular en 1830, el aristócrata pasó sus últimos años exiliado en el suntuoso hotel Beau-Rivage de Ginebra.
Examine la sorprendente similitud de su trazado con las famosas tumbas de los Scaligeri de Verona. El duque, obsesionado por el pánico atroz a ser sepultado bajo tierra, estipuló con detalle en su testamento que sus restos debían reposar en un sepulcro monumental exento por encima del nivel del suelo, custodiado por leones y quimeras de piedra esculpida.
A cambio de este mausoleo pomposo, el duque legó toda su colosal fortuna de más de veinticuatro millones de francos oro a la Ciudad de Ginebra. Gracias a esta inmensa herencia, la ciudad pudo costear la construcción del Grand Théâtre, financiar nuevas facultades universitarias y acometer el ensanche urbanístico de los grandes muelles lacustres.
Columnillas de mármol rojo sostienen el baldaquino triple bajo el cual reposa la efigie funeraria del duque sobre el sarcófago de mármol, ricamente esculpido con motivos heráldicos y citas nobiliarias. El monumento constituye un insólito testimonio de ostentación monárquica en el corazón de una austera república calvinista. El jardín circundante regala un espacio de sombra y quietud con vistas directas a los veleros que surcan la rada, mientras los viandantes contemplan asombrados la deslumbrante profusión de pináculos, relieves y gárgolas cinceladas en la piedra italiana.
Camine hacia el este siguiendo el muelle costero para acceder a los históricos Bains des Pâquis.
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8. Bains des Pâquis y Bahía del Puerto
Quai du Mont-Blanc 30, 1201 Ginebra, Suiza
Camine sobre la pasarela del espigón hasta adentrarse en los Bains des Pâquis, el corazón social y popular más querido de Ginebra. Inaugurados en 1872 como sencillos baños flotantes de madera, el complejo fue reedificado en 1932 por los arquitectos Louis Archinard y Philippe Bonnet en un depurado estilo art déco con pasarelas de hormigón claro, casetas de baño y un faro blanco en el extremo del dique. Aquí comparten toalla banqueros y estudiantes, diplomáticos extranjeros y obreros locales en absoluta camaradería.
Sienta el pulso vital inagotable de este espacio que permanece abierto los trescientos sesenta y cinco días del año. En verano, miles de bañistas se zambullen desde la torre de saltos de diez metros, practican paddle surf o asisten a los conciertos acústicos al amanecer conocidos como Aubes Musicales, mientras que en invierno el recinto se transforma en un refugio de saunas finlandesas y fondues de queso junto al fuego.
A finales de la década de 1980, el gobierno municipal proyectó demoler las históricas instalaciones para construir un puerto deportivo de lujo y un aparcamiento. Una movilización ciudadana ejemplar organizada por la asociación Sauvegarde des Bains des Pâquis forzó un referéndum popular en 1988, salvando los baños con una aplastante victoria del setenta y dos por ciento de los votos populares.
Desde la punta del faro, la vista domina toda la cuenca del lago, con el Jet d'Eau disparando su géiser y las cumbres alpinas dibujando el horizonte. La modesta taberna de los baños sirve platos saludables y pescado fresco a precios populares en un ambiente de alegría contagiosa. Los Bains des Pâquis son el reflejo más auténtico del espíritu democrático e integrador de Ginebra.
Regrese al muelle continental y avance hacia el norte por el Quai Wilson hacia el histórico Palais Wilson.
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9. Quai Wilson y Palais Wilson
Rue des Pâquis 47, 1201 Ginebra, Suiza
Párese ante la grandiosa fachada del Palais Wilson, cuyas columnas clásicas y terrazas señoriales dominan el Quai Wilson frente al lago. Erigido entre 1873 y 1875 por el arquitecto Jacques-Élysée Goss como el suntuoso Grand Hôtel National, este monumental edificio de cinco plantas fue adquirido en 1920 por la Confederación Suiza para servir de primera sede administrativa central de la recién fundada Sociedad de Naciones. En 1924 recibió su nombre actual en tributo al presidente norteamericano Woodrow Wilson, artífice del pacto fundacional.
Aprecie la simetría neorrenacentista de sus pabellones coronados por mansardas. Entre 1920 y 1936, diplomáticos de más de cincuenta naciones debatieron en sus salones dorados sobre fronteras internacionales, desarme y cooperación jurídica internacional, antes del traslado definitivo de la institución al nuevo Palacio de las Naciones en el Parque Ariana.
Tras la marcha de la Sociedad de Naciones, el edificio albergó organismos educativos y sufrió graves deterioros, incluidos dos incendios devastadores en los años ochenta. Tras una minuciosa restauración patrimonial subvencionada por la Confederación Suiza, el palacio renació en 1998 para convertirse en la sede mundial de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos.
La bandera azul de la ONU ondea en la cumbre del tejado mientras expertos internacionales redactan informes sobre la protección de libertades fundamentales en todo el planeta. Sentarse en los bancos de la ribera frente a este monumento permite calibrar la inmensa aportación de Ginebra a la construcción de un orden internacional basado en la dignidad humana y el respeto recíproco entre los pueblos. Es un santuario vivo de la justicia universal que inspira a defensores de los derechos civiles llegados de los cinco continentes.
Continúe su marcha hacia el norte para entrar en las apacibles praderas del Parque Mon Repos.
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10. Parque Mon Repos y Villa Barton
Rue de Lausanne 132, 1202 Ginebra, Suiza
Sumérjase en el remanso de paz del Parque Mon Repos, que desciende suavemente en lomas arboladas hacia el agua cristalina del lago Lemán. Trazado a comienzos del siglo diecinueve por acaudaladas familias patricias ginebrinas, este parque paisajístico conjuga la pasión romántica por la naturaleza virgen con el coleccionismo botánico de especies foráneas. Impresionantes secuoyas gigantes de California, hayas lloronas y tuliperos de Virginia proyectan una densa sombra sobre los senderos que bordean la orilla lacustre.
Contemple la distinguida silueta de la Villa Barton, una mansión neoclásica construida en 1858 para la adinerada familia aristocrática escocesa Barton. Tras la Primera Guerra Mundial, la ilustrada dama Alexandra Barton-Peel puso su residencia a disposición de los altos mandatarios de la Sociedad de Naciones, antes de legar la valiosa propiedad a la Confederación Suiza para usos culturales y educativos.
En el sector central del parque se alza la Maison de Mon Repos, mansión de finales del siglo dieciocho donde residió el distinguido científico Philippe Plantamour. Años después, este edificio sirvió como primera sede provisional del Museo Olímpico cuando el barón Pierre de Coubertin trasladó el Comité Olímpico Internacional a Suiza durante la Gran Guerra.
Hoy la Villa Barton acoge al célebre Instituto de Altos Estudios Internacionales y del Desarrollo de Ginebra, cuyos estudiantes debaten de geopolítica bajo los árboles monumentales del parque. Cisnes y ánades reales nadan entre los juncos de la ribera mientras el suave oleaje acaricia los cantos rodados de la orilla en un murmullo constante. La finca conserva el sosiego intemporal de una villa campestre clásica donde la alta diplomacia internacional y la erudición académica encuentran su refugio perfecto y permanente entre la arboleda centenaria.
Avance hacia el norte unos minutos para alcanzar la finca de La Perle du Lac y su museo científico.
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11. La Perle du Lac y Museo de Historia de las Ciencias
Rue de Lausanne 128, 1202 Ginebra, Suiza
Pasee por las soleadas terrazas ajardinadas de La Perle du Lac y contemple la inmensidad del lago Lemán extendiéndose hacia el este. El poético nombre del lugar se debe a la esposa del banquero François Bartholoni, quien al contemplar por primera vez este bellísimo mirador exclamó emocionada que era la auténtica perla del lago. En el corazón de la pradera se yergue la señorial Villa Bartholoni, erigida en 1829 por el arquitecto parisino Félix-Emmanuel Callet en el estilo de una villa renacentista florentina con frescos pompeyanos.
Acceda al interior para visitar el Museo de Historia de las Ciencias, una institución pionera y única en Suiza. En sus elegantes salas abovedadas se exhibe el riquísimo patrimonio instrumental de los científicos ginebrinos de la Ilustración: desde los barómetros, higrómetros y cianómetros originales con los que Horace Bénédict de Saussure coronó la cima del Mont Blanc en 1787, hasta microscopios, telescopios y cuadrantes astronómicos de época.
François Bartholoni fue además de mecenas un ilustre pionero del transporte moderno europeo. Fundó el Conservatorio de Música de Ginebra en 1835 y promovió con tenacidad la línea férrea de Lyon a Ginebra, que rompió el aislamiento alpino e integró a la ciudad en las grandes redes comerciales del continente.
Frente a las columnas toscanas de la terraza lacustre, un afamado restaurante invita a degustar pescado del lago maridado con vinos del cantón mientras la brisa del agua refresca el ambiente. Familias y viajeros descansan sobre el césped disfrutando del majestuoso panorama que abarca desde la bahía hasta las estribaciones de los Alpes saboyanos con sus nieves eternas. El lugar encarna la armonía perfecta entre ciencia, arte, gastronomía y naturaleza en uno de los rincones más idílicos de la costa suiza.
Prosiga por la senda costera hacia el norte para entrar en el Jardín Botánico de Ginebra.
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12. Jardín Botánico de Ginebra (Conservatoire et Jardin botaniques)
Chemin de l'Impératrice 1, 1292 Pregny-Chambésy, Ginebra, Suiza
Concluya este periplo ribereño en las frondosas avenidas del Jardín Botánico de Ginebra, un vergel científico que se despliega sobre veintiocho hectáreas hasta el confín de Pregny-Chambésy. Fundado en 1817 por el insigne botánico Augustin-Pyramus de Candolle y trasladado a este solar en 1904, este museo vivo alberga más de dieciséis mil especies vegetales vivas de todos los climas de la Tierra y custodia un herbario de rango universal que atesora más de seis millones de pliegos botánicos clasificados.
Ingrese en el espectacular invernadero histórico de invierno, una filigrana de hierro forjado y cristal construida en 1910 en estilo modernista. En su cálido microclima tropical florecen orquídeas exóticas, palmeras de Madagascar, plantas carnívoras de jarra y árboles del cacao que recrean con virtuosismo la opulencia de las selvas ecuatoriales bajo las bóvedas acristaladas.
De Candolle sentó en Ginebra las bases modernas de la taxonomía y la morfología vegetal, convirtiendo la ciudad en la capital de la botánica mundial. En la actualidad, los biólogos del jardín colaboran activamente con las Naciones Unidas y la UICN para proteger especies de flora alpina amenazadas y preservar ecosistemas frágiles en los cinco continentes.
Recorra el sector alpino con sus recreaciones geológicas de alta montaña, visite el parque de fauna con especies domésticas tradicionales en peligro o descanse junto a los estanques cubiertos de nenúfares centenarios. El aroma de las plantas medicinales y la calma vegetal componen un final insuperable para este viaje por la ribera del lago Lemán, donde el rigor de la ciencia se funde con la emoción del paisaje alpino.
Aquí concluye nuestro paseo por el lago de Ginebra. Que la energía cristalina de sus aguas, el bramido del Jet d'Eau y la elegancia de sus parques sigan inspirándole en cada uno de sus caminos.