Edificio de la Secesión
Why is it significant?
Tienes enfrente un cubo blanco, casi sin ventanas, coronado por una esfera de miles de hojas de laurel doradas que brilla como un sol de metal. Los vieneses, con su cariño irreverente de siempre, la llaman el repollo dorado.
Key Facts
| Place | Edificio de la Secesión |
|---|---|
| Address | Friedrichstraße 12, 1010 Wien, Austria |
| Geo Coordinates | 48.20050, 16.36580 |
| Part of Walk | Viena del oro de Klimt: la Secesión, la Karlskirche y el Belvedere |
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Tienes enfrente un cubo blanco, casi sin ventanas, coronado por una esfera de miles de hojas de laurel doradas que brilla como un sol de metal. Los vieneses, con su cariño irreverente de siempre, la llaman el repollo dorado. Es el edificio de la Secesión, y con él empieza la historia del arte moderno en Viena.
En 1897 un grupo de artistas jóvenes, con Gustav Klimt como primer presidente, abandonó la asociación oficial porque estaba harto de exposiciones conservadoras y de cuadros pensados para gustar. Necesitaban una casa propia, y Joseph Maria Olbrich se la construyó en apenas unos meses, en 1898. Sobre la puerta puedes leer su lema, en letras doradas: a cada época su arte, al arte su libertad. Fíjate también en las tres cabezas de gorgona sobre la entrada, que representan la pintura, la escultura y la arquitectura.
A la ciudad no le gustó nada. Hubo quien lo llamó templo asirio, quien lo comparó con un mausoleo, y alguno hasta con un invernadero. Hoy es uno de los edificios más queridos de Viena, que es justo lo que suele pasar con los escándalos que sobreviven el tiempo suficiente.
Pero el tesoro está abajo, en el sótano. En 1902 la Secesión dedicó una exposición a Beethoven, y Klimt pintó directamente sobre las paredes un friso de unos treinta y cuatro metros: caballeros dorados, monstruos, una gorgona, mujeres que flotan y, al final, un beso ante un coro de ángeles, inspirado en el himno de la Novena. Estaba pensado para destruirse al cerrar la muestra. Alguien lo salvó, pasó por varias manos, el Estado lo compró en 1973 y, tras una larga restauración, volvió a esta casa. En la inauguración de aquella exposición, por cierto, Gustav Mahler dirigió un fragmento de la Novena arreglado para instrumentos de viento.
Ahora camina hacia el este por la Friedrichstraße, con el tráfico a tu derecha, y entra en la gran explanada de la Karlsplatz. Busca dos pequeños pabellones blancos y verdes, frente a frente, con girasoles dorados.