Café Museum: el café sin adornos de Adolf Loos
Why is it significant?
Fíjate en este café de esquina, entre Operngasse y Friedrichstraße, con grandes ventanales y un interior de líneas sencillas, sillas curvas de madera y casi ningún adorno. En una ciudad de cariátides doradas y techos pintados, esa sobriedad fue en su día un escándalo.
Key Facts
| Place | Café Museum: el café sin adornos de Adolf Loos |
|---|---|
| Address | Operngasse 7, 1010 Wien, Austria |
| Geo Coordinates | 48.20140, 16.36770 |
| Part of Walk | Viena a sorbos y bocados: cafés históricos, Sachertorte y Naschmarkt |
| Generated | Generated |
Fíjate en este café de esquina, entre Operngasse y Friedrichstraße, con grandes ventanales y un interior de líneas sencillas, sillas curvas de madera y casi ningún adorno. En una ciudad de cariátides doradas y techos pintados, esa sobriedad fue en su día un escándalo. Es el Café Museum, abierto en 1899.
Su interior lo diseñó Adolf Loos, un joven arquitecto recién llegado de Estados Unidos que odiaba la decoración superflua. Los vieneses, acostumbrados al terciopelo y al estuco, lo bautizaron enseguida como Café Nihilismo. Loos escribiría unos años más tarde su famoso texto Ornamento y delito, donde defendía que adornar los objetos era desperdiciar trabajo y vida. Este café fue su primer manifiesto construido.
La ubicación lo convirtió en cuartel general de una generación. A dos pasos estaban la Academia de Bellas Artes y el pabellón de la Secesión, y por estas mesas pasaron Gustav Klimt, Egon Schiele, Oskar Kokoschka, el arquitecto Otto Wagner y el satírico Karl Kraus. Imagina las discusiones: pintores que querían romper con la tradición, en el café de un arquitecto que quería romper con el adorno.
El interior no ha tenido una vida tranquila. Se rehízo varias veces a lo largo del siglo veinte, cambió de estilo, volvió a mirar a Loos y se renovó de nuevo. Lo que ves hoy es un intento de devolverle el espíritu original sin convertirlo en museo, que sería una ironía para un lugar que ya se llama así.
Pide aquí algo sencillo, a juego con el lugar: un strudel de manzana con su masa estirada tan fina que, según la tradición, debe poder leerse un periódico a través de ella. Y mira a tu alrededor: la idea de que la belleza está en la proporción y no en el adorno nació, en parte, en esta sala. Ahora camina hacia el suroeste por Friedrichstraße, pasa junto a la cúpula de hojas doradas de la Secesión y llega a la Linke Wienzeile, ante un teatro con un pájaro en la puerta.