Griechenbeisl: la taberna del Querido Augustín
Why is it significant?
Ponte frente a la vieja casa de la esquina entre Fleischmarkt y Griechengasse, con sus ventanas pequeñas, su fachada torcida por los siglos y un letrero de hierro que lleva cientos de años anunciando vino y comida.
Key Facts
| Place | Griechenbeisl: la taberna del Querido Augustín |
|---|---|
| Address | Fleischmarkt 11, 1010 Wien, Austria |
| Geo Coordinates | 48.21070, 16.37730 |
| Part of Walk | Viena suena: tras los pasos de Mozart, Beethoven y Strauss |
| Generated | Generated |
Ponte frente a la vieja casa de la esquina entre Fleischmarkt y Griechengasse, con sus ventanas pequeñas, su fachada torcida por los siglos y un letrero de hierro que lleva cientos de años anunciando vino y comida. Al lado, la iglesia ortodoxa griega con su fachada de ladrillo y oro te da la primera pista: este rincón de Viena fue durante siglos el barrio de los comerciantes griegos, y de ellos viene el nombre de la taberna, el Griechenbeisl.
La casa presume de que su historia como mesón se remonta a mediados del siglo quince. Pero su vecino más famoso no fue un mercader ni un noble, sino un músico callejero. Se llamaba Marx Augustin, tocaba la gaita y cantaba en las tabernas, y todo indica que existió de verdad. Lo que cuentan de él, en cambio, pertenece a la leyenda.
En 1679 la peste arrasó Viena. Una noche, Augustin bebió tanto que se quedó dormido en la calle, y los sepultureros, que recogían cadáveres a carretadas, lo confundieron con un muerto y lo arrojaron a una fosa común. A la mañana siguiente despertó entre los cuerpos, empezó a tocar la gaita hasta que alguien lo sacó... y no se contagió. Dentro de la taberna, bajo una reja, una figura suya sigue en su pozo, recordando la historia.
De ahí viene, según la tradición, una de las canciones más conocidas del mundo germánico: O du lieber Augustin, alles ist hin, oh querido Augustín, todo se ha perdido. Es una melodía que probablemente has tarareado sin saberlo, y que los niños vieneses aprenden antes que a leer. Fíjate en la paradoja: la primera canción de este paseo es una broma sobre la muerte cantada por un borracho... y Viena la convirtió en himno de supervivencia.
La casa guarda además una sala cuyas paredes y techo están cubiertos de firmas de visitantes ilustres; la taberna asegura que entre ellos hubo músicos como Brahms o Johann Strauss y escritores como Mark Twain. Nadie puede jurar que cada firma sea auténtica, pero la idea dice mucho de esta ciudad, donde hasta una taberna quiere tener su lista de compositores. Ahora camina hacia el sur por las callejuelas estrechas hasta una plaza barroca donde un anciano Haydn escuchó su obra por última vez.