La puerta de Tábor y la fortaleza barroca
Why is it significant?
Delante de ti se abre un portón macizo, entre gruesos muros en ángulo: la puerta de Tábor, la entrada exterior de la fortaleza de Vyšehrad. Al cruzarla, el ruido de la ciudad se apaga de golpe, y empiezas a caminar entre murallas, como un soldado del siglo XVII volviendo al cuartel.
Key Facts
| Place | La puerta de Tábor y la fortaleza barroca |
|---|---|
| Address | V Pevnosti, 128 00 Praha 2-Vyšehrad, Czechia |
| Geo Coordinates | 50.06170, 14.42420 |
| Part of Walk | Vyšehrad: leyendas, cubismo y el cementerio de los genios de Praga |
| Generated | Generated |
Delante de ti se abre un portón macizo, entre gruesos muros en ángulo: la puerta de Tábor, la entrada exterior de la fortaleza de Vyšehrad. Al cruzarla, el ruido de la ciudad se apaga de golpe, y empiezas a caminar entre murallas, como un soldado del siglo XVII volviendo al cuartel.
Vyšehrad es más antiguo que casi todo en Praga, pero lo que ves ahora es relativamente moderno. Después de la Guerra de los Treinta Años, a mediados del siglo XVII, el emperador decidió convertir la vieja colina real en una fortaleza barroca: bastiones en estrella, fosos, murallas de ladrillo y puertas como esta. La de Tábor se levantó en esos años, mirando hacia el sur, el lado por donde llegaban las amenazas.
Pero busca a un lado los restos de una puerta mucho más vieja: la puerta Špička, gótica, de los tiempos de Carlos IV. De ella apenas quedan fragmentos de muro. Y aun así su silueta se ha conservado en un sitio inesperado: en 1891 la copiaron para la fachada del Laberinto de espejos, que hoy está en la colina de Petřín. Una puerta desaparecida que sobrevive como decorado de una atracción de feria.
El nombre recuerda a Tábor, la ciudad del sur de Bohemia que fue el bastión de los taboritas, el ala más radical de los husitas. En 1420 los husitas sitiaron Vyšehrad, que entonces era una plaza fuerte del rey, y aquel mismo otoño, tras derrotar al ejército que venía a socorrerlo, lo tomaron y lo saquearon. Iglesias, palacios, la vieja residencia real... buena parte de lo medieval acabó en ruinas. Durante dos siglos, la colina sagrada de Praga fue casi un pueblo de escombros.
Por eso Vyšehrad es un palimpsesto: rotondas románicas, recuerdos góticos, murallas barrocas y una necrópolis del siglo XIX, todo superpuesto. Sigue el camino hacia el interior. Enseguida cruzarás una segunda puerta, mucho más elegante, y verás junto a ella una pequeña iglesia redonda que lleva aquí casi mil años.