La Coupole y Le Select: las terrazas de los años locos

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A un lado del boulevard, una fachada ancha con letras rojas y un toldo largo; enfrente, la terraza acristalada de otro café, con sillas de mimbre mirando a la calle. La Coupole y Le Select. Si alguna vez existió un lugar donde se inventó la noche del siglo veinte, fue esta acera.

Key Facts

PlaceLa Coupole y Le Select: las terrazas de los años locos
Address102 Boulevard du Montparnasse, 75014 Paris, France
Geo Coordinates48.84230, 2.32810
Part of WalkMontparnasse de los años locos: escritores, pintores y latinoamericanos en París
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A un lado del boulevard, una fachada ancha con letras rojas y un toldo largo; enfrente, la terraza acristalada de otro café, con sillas de mimbre mirando a la calle. La Coupole y Le Select. Si alguna vez existió un lugar donde se inventó la noche del siglo veinte, fue esta acera.

La Coupole abrió en diciembre de 1927, y la fiesta de inauguración se volvió legendaria: dicen que corrió el champán hasta la madrugada. Por dentro es un enorme salón art déco con columnas pintadas, cada una decorada por un artista distinto del barrio. Sartre y Beauvoir tuvieron aquí su mesa durante años, y por sus salones pasaron Picasso, Joséphine Baker y medio París.

Enfrente, Le Select abrió a principios de los años veinte y, según se dice, fue el primero del barrio en quedarse abierto toda la noche. Hemingway lo conocía bien, y en Fiesta sus personajes, Jake y Lady Brett, frecuentan este café antes de partir hacia Pamplona. Medio Montparnasse anglosajón pasaba aquí la noche discutiendo, bebiendo y escribiendo.

Pero aquel barrio no era solo de franceses y estadounidenses. Había rusos, polacos, italianos como Modigliani, japoneses como Foujita, con su flequillo y sus gafas redondas, que pintaba gatos y desnudos de piel nacarada... y latinoamericanos. El mexicano Diego Rivera vivió en Montparnasse en los años diez y pintó aquí su época cubista, antes de volver a México para cubrir de murales los edificios públicos. En estas aceras se hablaba en una docena de lenguas.

El secreto de todo era el alquiler barato, los talleres con luz y la tolerancia de los dueños de los cafés, que dejaban a un pintor sin un céntimo pasar horas delante de un solo café con leche. Ahora camina unos pasos hacia el este, hasta el cruce con el boulevard Raspail. Allí empezó todo, y allí termina nuestro paseo.

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