Cementerio de Montparnasse: Cortázar y Vallejo

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Cruza la verja y camina despacio por las avenidas de adoquines, bajo los árboles, entre capillas, cruces y lápidas cubiertas de musgo. Estás en el cementerio de Montparnasse, abierto en 1824. Y aunque parezca extraño, este es uno de los rincones de París donde más se habla en español.

Key Facts

PlaceCementerio de Montparnasse: Cortázar y Vallejo
AddressRue Émile-Richard, 75014 Paris, France
Geo Coordinates48.83800, 2.32800
Part of WalkMontparnasse de los años locos: escritores, pintores y latinoamericanos en París
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Cruza la verja y camina despacio por las avenidas de adoquines, bajo los árboles, entre capillas, cruces y lápidas cubiertas de musgo. Estás en el cementerio de Montparnasse, abierto en 1824. Y aunque parezca extraño, este es uno de los rincones de París donde más se habla en español.

Busca en el plano la tumba de Julio Cortázar. El autor de Rayuela, nacido en Bruselas en 1914 y criado en Argentina, llegó a París en 1951 y ya no se fue. Murió en febrero de 1984 y está enterrado junto a Carol Dunlop, su última compañera, que había muerto a finales de 1982. Sobre la lápida blanca, una figura sonriente de su amigo Julio Silva, a la que muchos llaman el cronopio. Los lectores le dejan notas, flores y piedrecitas.

Rayuela empieza con una pregunta: ¿Encontraría a la Maga? Y medio mundo hispano vino a París buscando esa ciudad de puentes, cafés y encuentros casuales. Y los lectores siguen viniendo, como si la tumba fuera la última casilla de la rayuela, la que Cortázar llamaba el cielo.

En este mismo cementerio descansa César Vallejo, el poeta peruano de Trilce y de los Poemas humanos. Llegó a París en 1923, vivió aquí en la pobreza y escribió un verso que parece una profecía: me moriré en París con aguacero. Lo cumplió a medias: murió en París, sí, en abril de 1938, pero un Viernes Santo, y no el jueves de otoño que había imaginado. Primero lo enterraron en Montrouge; en 1970 lo trasladaron aquí.

Y una ironía de la historia: en estas mismas avenidas está enterrado Porfirio Díaz, el viejo dictador mexicano, que murió en su exilio parisino en 1915. Poetas pobres y dictadores en el exilio, todos acabaron bajo los mismos castaños. Y también un rumano, Constantin Brancusi, que según la leyenda llegó a París caminando desde su país; en una tumba de este cementerio está su escultura El beso, dos amantes fundidos en un solo bloque de piedra. Ahora camina hacia el noroeste, hacia la entrada principal del boulevard Edgar-Quinet.

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