Marché des Enfants Rouges: el mercado de los niños rojos
Why is it significant?
Detrás de una verja en la calle de Bretagne se esconde un pequeño laberinto de puestos bajo techos de madera y cristal: fruta apilada, flores, quesos, y largas mesas donde la gente come codo con codo. No lo parece, pero estás en el mercado cubierto más antiguo de París.
Key Facts
| Place | Marché des Enfants Rouges: el mercado de los niños rojos |
|---|---|
| Address | 39 Rue de Bretagne, 75003 Paris, France |
| Geo Coordinates | 48.86280, 2.36200 |
| Part of Walk | El Marais de París: de la Bastilla a la Plaza de los Vosgos, palacios, reinas y revoluciones |
| Generated | Generated |
Detrás de una verja en la calle de Bretagne se esconde un pequeño laberinto de puestos bajo techos de madera y cristal: fruta apilada, flores, quesos, y largas mesas donde la gente come codo con codo. No lo parece, pero estás en el mercado cubierto más antiguo de París.
Se fundó a principios del siglo diecisiete, en tiempos de Luis XIII... el marido de Ana de Austria, nuestra infanta de la Plaza de los Vosgos. Entonces esto era el Marais nuevo, un barrio que crecía a toda prisa con palacios de nobles y casas de artesanos, y necesitaba dónde comprar pan, verdura y carne.
¿Y los niños rojos? En 1534, Margarita de Navarra, hermana del rey Francisco I y escritora ella misma, fundó en esta zona un orfanato para niños abandonados. Los vestían de rojo, el color de la caridad, para que todo el mundo supiera que los mantenía la limosna. El orfanato desapareció antes de la Revolución, pero el nombre se quedó pegado al mercado durante cuatro siglos.
Y estuvo a punto de desaparecer. A finales del siglo veinte cerró, y durante unos años se habló de levantar en su lugar un aparcamiento. Los vecinos se movilizaron, lo defendieron, y la ciudad acabó restaurándolo y reabriéndolo a principios de los dos mil. Hoy lo llenan puestos de cocina de medio mundo: marroquí, japonesa, italiana, libanesa, caribeña. El barrio que fue de príncipes y de refugiados come aquí junto.
Y aquí termina nuestro paseo. Empezaste en la Bastilla, ante una columna que no recuerda lo que todos creen. Viste la plaza de una infanta de Valladolid, un muro de ochocientos años, una bala de 1830, un muro de nombres que no se puede olvidar, los blindados de la Nueve y un palacio pagado con sal. Siéntate, pide algo caliente y mira a tu alrededor: el Marais nunca ha dejado de ser un barrio donde todo el mundo llega de otra parte.